sábado, 26 de septiembre de 2020

Habla Víctor. Oración Vocal (I).

 La oración vocal la aprenden hasta los niños.


Esta fue siempre el pan de cada día. La aprenden hasta los niños. Por cierto, muy efectiva. Únicamente es necesario darse cuenta de lo que se reza, no solamente con los labios, sino con la mente y sobre todo con el corazón. El Padrenuestro es la oración por excelencia, desgraciadamente maltratado en su frecuente uso. Este salió de la misma lengua de Dios, sintetizó toda la esencia de peticiones. Se puede afirmar que rezándole bien, sería suficiente para alcanzar toda gracia. También el Ave María es oración muy provechosa, en ella se anuncia la Encarnación del Verbo.

La oración vocal efectivamente la aprenden hasta los niños, es más, es la que hacen los niños antes de saber que es oración. Aprenden el Padrenuestro y el Ave María y los rezan con sus padres. Pero oración vocal no es sólo el Padrenuestro y el Ave María, sino que forma parte esencial en todas las celebraciones litúrgicas, sobre todo de la celebración eucarística y del rezo del oficio divino.

Pero la oración vocal no consiste en repetir palabras sin más, eso lo podría hacer un loro o un papagayo, sino en pronunciar unas palabras pensando en lo que significan y con el deseo de que se cumplan, que es lo que convierte a las palabras en oración. Por eso es, en cierto modo, inseparable de la oración mental.
 
Santa Teresa maestra de oración.
Dice Santa Teresa: “Si hablando estoy enteramente entendiendo y viendo que hablo con Dios, con más advertencia que en las palabras que digo, junto está oración mental y vocal. Salvo si no os dicen que estéis hablando con Dios rezando el Paternóster y pensando en el mundo; aquí callo. Mas si habéis de estar –como es razón se esté- hablando con tan gran Señor, que es bien estéis mirando con quien habláis y quien sois vos, siquiera para hablar con crianza” (C 22, 1).

También tiene razón Víctor al decir que, desgraciadamente el Padrenuestro se convierte con frecuencia en la oración más maltratada por rezarla de prisa y corriendo, solamente para cumplir con las devociones que nos hemos comprometido, pero pensando más en las cosas que nos apremian que en lo que las palabras significan.




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