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sábado, 21 de marzo de 2026

P. José Francisco Rodríguez Desde la orilla de Dios (XV)

 

P. José Francisco Rodríguez.

Dios nos da más amor cada día que pasa para amarle más cada día que pasa. ¿Y cómo se ama a Dios cada día que pasa? Pasando el tiempo con Dios cada día que pasa y haciendo la voluntad de Dios, con todo nuestro amor, cada día que pasa.


Dios no nos pide nunca nada que no tengamos. Dios, no solamente no nos pide nunca nada que no tengamos, sino que antes de pedirnos nada, nos da por adelantado todo lo que luego nos pide para que podamos dárselo.


Dios nos da siempre más de lo que le damos. Le damos diez y nos da veinte. Le damos veinte y nos da cuarenta. Le damos todo lo nuestro, que es todo nada, y nos da todo lo suyo, que es todo cuanto existe en el cielo y en la tierra ¿Quién puede ganar a Dios en generosidad?


Dios nos alimenta el cuerpo y nos alimenta el alma. Dios nos llena de pan y nos llena de amor. Dios nos llena de pan y nos llena de amor para que compartamos con los demás nuestro pan y nuestro amor, como Él comparte su pan y su amor con nosotros.


Dios nos ha dejado libres para elegir el mal o el bien. Si elegimos el mal, elegimos el mal para nuestro mal. Si elegimos el bien elegimos el bien para nuestro bien. Dios nos da amor cada día que pasa, para amarle cada día que pasa. Dios nos prueba el amor que le tenemos y nos da su amor para que podamos responder con amor a sus pruebas de amor. Dios nos da lo mejor de lo mejor, porque Dios es nuestro amigo y los amigos dan a los amigos lo mejor de lo mejor.


sábado, 7 de marzo de 2026

Habla Víctor Carta 5 a religiosa agustina (I)

 

P. José Francisco Rodríguez.


Dios nos da más amor cada día que pasa para amarle más cada día que pasa. ¿Y cómo se ama a Dios cada día que pasa? Pasando el tiempo con Dios cada día que pasa y haciendo la voluntad de Dios, con todo nuestro amor, cada día que pasa.


Dios no nos pide nunca nada que no tengamos. Dios, no solamente no nos pide nunca nada que no tengamos, sino que antes de pedirnos nada, nos da por adelantado todo lo que luego nos pide para que podamos dárselo.


Dios nos da siempre más de lo que le damos. Le damos diez y nos da veinte. Le damos veinte y nos da cuarenta. Le damos todo lo nuestro, que es todo nada, y nos da todo lo suyo, que es todo cuanto existe en el cielo y en la tierra ¿Quién puede ganar a Dios en generosidad?


Dios nos alimenta el cuerpo y nos alimenta el alma. Dios nos llena de pan y nos llena de amor. Dios nos llena de pan y nos llena de amor para que compartamos con los demás nuestro pan y nuestro amor, como Él comparte su pan y su amor con nosotros.


Dios nos ha dejado libres para elegir el mal o el bien. Si elegimos el mal, elegimos el mal para nuestro mal. Si elegimos el bien elegimos el bien para nuestro bien. Dios nos da amor cada día que pasa, para amarle cada día que pasa. Dios nos prueba el amor que le tenemos y nos da su amor para que podamos responder con amor a sus pruebas de amor. Dios nos da lo mejor de lo mejor, porque Dios es nuestro amigo y los amigos dan a los amigos lo mejor de lo mejor.


miércoles, 25 de febrero de 2026

P. José Francisco Rodríguez Desde la Orilla de Dios (XIII)

 

P. José Francisco Rodríguez.


Mejor ve las verdades de Dios una persona que mira las verdades de Dios con los ojos de la fe, que millones de personas que miran las verdades de Dios con los ojos de la cara o con los ojos del entendimiento, pues las verdades de Dios no se ven con los ojos de la cara ni con los ojos del entendimiento, sino con los ojos de la fe. 


¿Por qué no ven los incrédulos las verdades de Dios? Porque pretenden ver las verdades de Dios a la luz del entendimiento en lugar de verlas a la luz de Dios. ¿Por qué creen las verdades de Dios los que creen las verdades de Dios? Porque las miran a la luz de la luz de Dios (fe) que es como se ven las verdades de Dios.


Dios no nos pide luchar contra los malos, sino contra el mal que hay en nosotros. Dios no nos pide que rechacemos a los que no comulgan con nuestras ideas, sino que aceptemos a todos cual como son. Tenemos que ayudar a todos los que viven apartados de Dios a que se acerquen a Dios, sí, pero nunca debemos rechazarles, pues al rechazarles a ellos, es a Dios a quien rechazamos. 

¿Qué hizo el Señor con sus enemigos? ¿Darles muerte? No, sino que lo que hizo fue morir por ellos. Eso es lo que el Señor nos pide también a nosotros, En lugar de pedirnos que matemos a nuestros enemigos, lo que nos pide es que pidamos a Dios por ellos y que muramos por ello como Él murió por nosotros.



 

miércoles, 4 de febrero de 2026

P José Francisco Rodríguez Desde la orilla de Dios (XI)


 

El amor de cada día dánosle hoy. Ese es el pan que tenemos que pedir todos, todos los días a Dios. Ese es el pan que nos da Dios todos los días a los que pedimos a Dios todos los días los que comemos todos los días el Cuerpo de Cristo. Ese es el pan con el que debemos alimentarnos todos los días los hijos de Dios.


El amor de Dios es como el sol que da luz y calor a todos los que quieran recibir la luz y el calor del sol. El sol es siempre el mismo. Lo mismo si ilumina y da calor a cien personas, que si da luz y calor a trescientos billones de personas. Lo mismo si ilumina y da calor a mil millones de animales, que si ilumina y da calor a cien mil millones de animales. Lo mismo si ilumina y da calor a trescientos billones de plantas, que si ilumina y da calor a trescientos mil billones de plantas.


Dios es infinitamente feliz, y como es infinitamente feliz, nada de nada de lo que nosotros podemos hacer por Dios o contra Dios puede afectarle. Ni hacemos a Dios más feliz porque nosotros le amemos, ni hacemos a Dios menos feliz porque dejemos de amarle. Él es en sí mismo infinitamente feliz y no necesita en nada de nosotros para nada. Cuenta en todo con nosotros, pero necesitarnos, lo que se dice necesitarnos, no nos necesita en nada ni para nada. ¿Entonces por qué lo hace? Por el amor que nos tiene.


Dios, lo que a nosotros nos pide, es que intentemos ser cada día mejores y que le pidamos que nos dé su gracia para conseguirlo. Si así lo hacemos, eso nos basta, pues eso es lo que Dios nos pide. Ya se encargará Dios del resultado.


sábado, 24 de enero de 2026

P. José Francisco Rodríguez Desde la orilla de Dios (X)

 P. José Francisco Rodríguez


 

Nos separamos de nuestros seres queridos y aunque lo sentimos, no pasa nada. Nos separamos de Dios y quedamos a la intemperie. No estamos con nuestros seres queridos y seguimos viviendo. No estamos con Dios y quedamos sin vida.

 Dios es el dador de vida, el dador de amor, el dador de fuerza, el dador de gracia, el dador de fervor, el dador de todo lo que somos y de todo lo que tenemos, pues si Dios no nos da la vida, ¿de dónde sacamos nosotros el amor, de dónde sacamos nosotros la fuerza, de dónde sacamos nosotros el fervor, de dónde sacamos nosotros lo que somos y tenemos, si Dios no nos lo da?

 Tendremos tanta más vida, cuanto estemos más en contacto vivo con Dios vivo, que es de quien hemos recibido la vida que tenemos y de quien recibiremos la vida eterna que esperamos, los que esperamos la vida eterna que esperamos.

 Lo mejor de lo mejor es estar hablando de amor y seguir hablando de amor con el Señor hasta quedar de Él perdidamente enamorados, como es el caso de la samaritana, que de tanto hablar con el Señor, y de tanto hablar con el Señor tan amorosamente, quedó perdidamente enamorada del Señor.

Lo que Dios quiere es que estemos con Él. Lo que Dios quiere es que le amemos. Lo que Dios quiere es que le oigamos. Lo que Dios quiere es que le hablemos. Lo que Dios quiere es que hagamos en todo, con todo nuestro amor, lo que nos pide, pues todo lo que nos pide, nos lo pide para bien 








nuestro. Lo que Dios quiere, es que le pongamos a Él por encima de todo. encima de todo.

miércoles, 14 de enero de 2026

P. José Francisco Rodríguez. Desde la orilla de Dios (IX)

 

Escena del hijo pródigo
según Rembrand.

Todos conocemos bien la parábola del hijo pródigo. Todos conocemos bien como pidió a su padre todo lo que le correspondía para irse fuera del hogar a gastarlo con amigotes y mujerzuelas.

Después de un tiempo llevando una vida de despilfarro, se quedó sin dinero, sin amigotes y sin mujerzuelas, y se dijo: Volveré a casa de mi padre, y sin pensarlo dos veces, se puso de inmediato en camino hacia la casa de su padre. Y tal como lo pensó, así lo hizo.

Su padre había sentido tanto su partida, que soñaba con su regreso tanto, que todos los días miraba a lo lejos por si un día le veía regresar, y cual fue su alegría cuando le vio venir a lo lejos. ¿Y qué hizo el padre cuando le vio  venir a lo lejos? Salió corriendo a su encuentro y le dio un abrazo tan fuerte y tan amoroso, que después de haber pasado tantos siglos como han pasado desde entonces, aún le recordamos como si lo estuviéramos viendo.

Grande fue la pena que el padre recibió cuando su hijo tan querido se le fue de casa, pero fue incomparablemente mayor el gozo que sintió al tenerle de nuevo entre sus brazos. Así es el gozo que hay en el cielo por cada pecador que se convierte. El padre del hijo pródigo recibió con gran alborozo al hijo que después de años de ausencia regresa al hogar paterno, al darse cuenta de que no hay en el mundo ningún lugar donde se viva mejor que en la casa del padre, pero le hubiera hecho más feliz si no hubiera salido nunca de la casa paterna.

Eso mismo es lo que le sucede a Dios con nosotros cuando nos escapamos de la casa de Dios nuestro Padre. Que nos recibe amorosísimamente siempre que volvemos a Él después de haberle abandonado, pero preferiría que nunca nos hubiéramos apartado de su lado. ¡Así de Padre es Dios nuestro Padre!





sábado, 6 de diciembre de 2025

P. José Francisco Rodríguez. Desde la orilla de Dios (VII)

 

P. José Francisco Rodríguez.


Se nace a esta vida llorando y se muere llorando. Si a la criatura que está para nacer se le preguntara si prefería nacer o quedarse en el seno materno, de seguro que diría que prefería seguir en el seno materno. Menos mal que nuestras madres si que sabían que lo bueno para nosotros no era vivir siempre en su seno, sino darnos a luz, y así es que logramos nacer.

Menos mal también, que Dios Padre sabe que es mejor vivir en la vida que Él nos tiene preparada para el cielo, que en la que ahora vivimos, y a la que estamos tan apegados, y aunque nos resistimos a nacer a esa vida, como se resiste a nacer el niño antes de nacer, mirando el bien nuestro, da paso a nuestro nacimiento a esta vida, para que en su día podamos nacer para la otra.

Mientras vivimos en la tierra nos acostumbramos tanto a vivir en la tierra, que nos cuesta lo indecible morir a esta vida para nacer a la otra, siendo ésta incomparablemente mejor. El hecho es que nacemos para esta vida llorando, y nacemos para la otra también llorando, pero para nuestro bien,  tanto en un caso como en el otro, ya que si es para nuestro bien el haber nacido para esta vida, es incomparablemente mayor bien, nacer para la otra, como así lo esperamos, confiados en la bondad de Dios nuestro Padre.




miércoles, 12 de noviembre de 2025

P. José Francisco Rodríguez Desde la orilla de Dios (5)

 

P. José Francisco Rodríguez


No es más feliz el que más dinero tiene, sino el que tiene más amor de Dios. La riqueza que cuenta ante Dios, es la del amor a Dios y del amor a los hermanos.

Cuando Jesús habló de las dificultades que tienen los ricos para entrar en el Reino de los cielos, no trató de hacer demagogia. Para Jesús las riquezas pueden ser buenas o malas. Son malas si se usan para malos fines. Son buenas si se las utiliza para fines buenos.

¿No eres Tú, Señor, quien manda en mi vida? Pues si eres Tú quien manda en mi vida, que se note que eres Tú quien manda en mi vida. ¿Y como se nota? Haciendo o no haciendo lo que Él nos manda. Lo único que tiene valor ante Dios, es el amor con el que hacemos lo que hacemos por amor de Dios y de los hermanos.

Evangelizan los que proclaman el evangelio, y no evangelizan los que, cuando predican el evangelio, en lugar de predicar el evangelio se predican a sí mismos.

Felices los que se dieron cuenta a tiempo y empezaron a tiempo a dar sentido a la vida. Dichosos los que buscaron a tiempo el sentido de su vida en Dios, que es el único que da sentido a nuestra vida.





miércoles, 29 de octubre de 2025

P. José Francisco Rodríguez. Desde la orilla de Dios (4)

 

P. José Francisco Rodríguez

No es más feliz el que más dinero tiene, sino el que tiene más amor de Dios. La riqueza que cuenta ante Dios, es la del amor a Dios y del amor a los hermanos.

Cuando Jesús habló de las dificultades que tienen los ricos para entrar en el Reino de los cielos, no trató de hacer demagogia. Para Jesús las riquezas pueden ser buenas o malas. Son malas si se usan para malos fines. Son buenas si se las utiliza para fines buenos.

¿No eres Tú, Señor, quien manda en mi vida? Pues si eres Tú quien manda en mi vida, que se note que eres Tú quien manda en mi vida. ¿Y como se nota? Haciendo o no haciendo lo que Él nos manda. Lo único que tiene valor ante Dios, es el amor con el que hacemos lo que hacemos por amor de Dios y de los hermanos.

Evangelizan los que proclaman el evangelio, y no evangelizan los que, cuando predican el evangelio, en lugar de predicar el evangelio se predican a sí mismos.

Felices los que se dieron cuenta a tiempo y empezaron a tiempo a dar sentido a la vida. Dichosos los que buscaron a tiempo el sentido de su vida en Dios, que es el único que da sentido a nuestra vida.






sábado, 11 de octubre de 2025

P. José Francisco Rodríguez. Desde la orilla de Dios (3)

El P. José Francisco Rodríguez
el día de su profesión religiosa
en Segovia.


Contra Dios no hay quien pueda. Los enemigos de Dios nada pueden contra Dios. ¿Qué daño puede hacer a la luna que la ladren los perros? Pues menos daño pueden hacer a Dios los que “ladran” a Dios, que eso es lo que hacen con Dios los que luchan contra Dios.

No es lo mismo decir que los padres aman a sus hijos, que decir que nuestros padres nos quieren a nosotros, porque nosotros somos hijos suyos.

No es lo mismo que otros nos digan que Dios es nuestro Padre, que saber nosotros que Dios es nuestro Padre por tratarnos como hijos queridísimos suyos.

Todo lo que Dios ha hecho, hace y seguirá haciendo por nosotros, lo ha hecho, lo hace y lo seguirá haciendo porque nos quiere. El Señor nos habla, porque nos quiere. El Señor nos escucha, porque nos quiere. El Señor se desvive por nosotros, porque nos quiere. El Señor ha sufrido lo que ha sufrido por nosotros, porque nos quiere. El Señor ha muerto por nosotros y ha muerto por nosotros de la forma que ha muerto, porque nos quiere. El Señor ha resucitado para resucitarnos, porque nos quiere. El Señor quiere llevarnos con Él al cielo para que seamos eternamente felices a su lado, porque nos quiere. Todo lo que el Seño ha hecho, hace y seguirá haciendo por nosotros, es porque nos quiere, a más imposible.

P. José Francisco Rodríguez Desde la orilla de Dios (2)

El P. José Francisco Rodríguez
el día de su profesión religiosa
en Segovia.



Dios está a nuestro servicio desde siempre y para siempre. Dios, desde toda la eternidad dispuso que todas las cosas concurrieran para que fueran nuestros padres los que nos dieran la vida, para que naciéramos el año que nacimos, la hora que nacimos, el momento preciso en que nacimos, y el lugar donde nacimos; y dispuso también que no nos faltara nunca nada desde nuestro nacimiento hasta el presente, poniendo a nuestro cuidado las personas que hasta ahora ha puesto a nuestro cuidado, y tiene dispuesto que no nos faltará nada desde ahora hasta el final de nuestra vida, poniendo a nuestro cuidado, desde ahora hasta el final de nuestra vida a las personas que Él tiene previsto que cuiden de nosotros desde ahora hasta el final de nuestra vida terrena. De ahí en adelante, ya no se ocupara de nosotros por medio de nadie, sino que será Él, el que se ocupará de servirnos por eternidad de eternidades. ¡Así de bueno es Dios con nosotros.

 

Nosotros no somos los que nos salvamos por las obras buenas que hacemos, sino que es Dios quien nos salva, pues Él es el que hace en nosotros las obras buenas que hacemos, y luego nos las premia como si las hiciéramos nosotros. Así de bueno y de generoso es Dios con nosotros. Tan bueno es Dios con nosotros, que no se deja ganar nunca en amor, ni por nosotros ni por nadie.





miércoles, 24 de septiembre de 2025

Testimonios. P. Jacinto María (II)

P. Jacinto de la Cruz.

1º. Deseo de la perfección

El que aspira a consagrarse por completo a Dios ha de tener deseos de santidad. “Los santos deseos son alas que impulsan a las almas a volar hacia Dios”.

Para santificarse no basta un simple deseo, sino que se precisa deseo vehemente, cierta como hambre de santidad. “Llenó de bienes a los hambrientos”. Pero hay que querer con voluntad decidida. El tibio, como dice el Sabio, también quiere, pero no con voluntad resuelta.

El deseo, dice San Lorenzo Justiniano, presta fortaleza y aligera el trabajo; por eso añadía, que desear ardientemente vencer, es ya casi haber vencido.

Lo largo del camino –de santidad- no está en el camino, sino en el corazón, esto es, en la voluntad resuelta de darse del todo a Dios. (A. 303).

Y Santa Teresa escribe: “Tener gran confianza, porque conviene mucho no apocar los deseos, sino creer de Dios que, si nos esforzamos, poco a poco, aunque no sea luego, podremos llegar a lo que muchos santos, con su favor; que si ellos nunca se determinaran a desearlo y poco a poco a ponerlo por obra, no subieran a tan alto estado”. (Vida, 13, 2).

La verdadera conversión de Víctor ha conllevado –Dios le concedió- deseo firme y eficaz de darse del todo a Dios. Dice en su Autorretrato: “Al cambiar de vida, de luz me llené. Gracia sobre gracia sobre mí derramó. Por eso todo cambió. Poco a poco me enamoró. En todo la Virgen medió”.(A. 6).

En unas palabras dedicadas a “La unión con Dios” añade: “Nos debemos mover por el amor de Dios, no por el nuestro que es egoísta. Para ello hay  que luchar por despojarse de todo cuanto llevamos dentro de nosotros de malo, y que es mucho. Cuando el alma no tiene ya apego a sí mismo,  entonces está ya unida a Dios”.



miércoles, 17 de septiembre de 2025

P. José Francisco Rodríguez. Desde la Orilla de Dios (1)

 

La creación del hombre por Miguel Ángel en la capilla Sixtina

Existen dos orillas: La orilla de Dios y la orilla del mundo. El que camina por la orilla del mundo, mira cara a este mundo, y el que camina por el camino de Dios, todo lo mira cara a Dios. El que camina por la orilla del mundo, aspira únicamente por los bienes terrenos que se pierden para siempre cuando se pierde esta vida. El que camina por la orilla de Dios, al tiempo que usa los bienes terrenos, según los deseos de Dios, aspira por los bienes futuros, que comienzan a disfrutarse cuando se pierde esta vida.

 

La vida puede enfocarse desde la orilla de Dios o desde la orilla del mundo. Enfocar la vida desde la orilla del mundo, es enfocar la vida bajo las máximas del mundo. El centro para los que enfocan su vida según Dios, es Dios, y como Dios es eterno, nunca perecen, sino que son eternos, como Dios es eterno. La vida de los que enfocan la vida desde la orilla del mundo, es una vida sin horizontes, pues la figura de este mundo pasa antes o más tarde, mientras que los horizontes de la vida de los que enfocan su vida desde la orilla de Dios, no tienen límites.

 

 

P. José Francisco Rodríguez. Desde la orilla de Dios

   P. José Francisco Rodríguez. Desde la orilla de Dios    

El día 27 de agosto cerramos en este blog la sección dedicada a “Florecillas”. Si algún testigo aporta alguna florecilla nueva, la daremos a conocer, pero ese espacio le vamos a dedicar desde ahora al P. José Francisco y a la difusión de sus escritos espirituales, por varios motivos:

 En primer lugar, porque fue el P. José Francisco Rodríguez el que, desde el momento del fallecimiento de Víctor, en que su hija Begoña le entregó sus escritos autobiográficos muy espirituales, comenzó a promover su Proceso de Canonización, convencido de su santidad.

 En segundo lugar, porque el P. José Francisco, siendo sacerdote carmelita, pasó por una crisis vocacional tan fuerte, que a punto estuvo de abandonar la orden y el sacerdocio, como reconoce públicamente en uno de sus escritos titulado “Una historia de amor” en que confiesa:  “Es Víctor a quien debo mi conversión, ya que a partir de la fecha en que se arruinó, viendo lo inseguro que era lo terreno, buscó y encontró su seguridad en Dios, a quien se entregó del todo, cada vez de más a más hasta el final de su vida. Viendo yo entonces la vida tan santa que él llevaba después de su conversión y lo pecadora que era la mía, siendo yo religioso y él seglar, me hizo reflexionar, y así fue como el Señor se valió de él para que me convirtiera como él se había convertido”.

 En tercer lugar, porque el P. José Francisco enviaba a su hermano Víctor todos estos escritos espirituales inéditos, y siempre contó su aprobación.

 En cuarto lugar, porque este blog de Víctor quiere fomentar entre los lectores el deseo de que todos se animen a tener una experiencia de Dios a través de la oración y de la práctica de las virtudes, como lo hizo el Siervo de Dios Víctor Rodríguez, y a esta finalidad pueden contribuir eficazmente estos escritos, generalmente en forma de sentencias, como en “La imitación de Cristo” de Tomás de Kempis.

miércoles, 5 de julio de 2023

Testimonios. P. José Francisco (B)

José Francisco (el más alto) con su hermano Marcos
 como aspirantes a carmelitas descalzos
en Medina del Campo.


A los 15 años se presentó en Palencia a exámenes de ingreso para bachillerato y fue aprobado, pero no pudo seguir los estudios por necesitarle nuestro padre para que le ayudara en las faenas del campo, ya que de nuestros hermanos mayores, uno era militar y al otro le mataron en la guerra. Por este motivo se vio obligado a ayudar a nuestro padre en las faenas más duras del campo desde los catorce años.

 

A él le debo yo ser carmelita descalzo, pues a mis 11 años (él tenía 16), entré en el colegio preparatorio de Medina del Campo, cosa que no pudiera haber hecho si él no se hubiera encargado de hacer su trabajo y el que me correspondería a mí haber hecho, en su día, de no haber entrado en el colegio preparatorio.

 

Cuando yo canté misa, me destinaron de profesor al colegio de Medina del Campo donde, meses antes, él se había trasladado a vivir allí y así pudimos vernos con frecuencia durante el tiempo que allí pasamos juntos.

 

Más tarde me trasladaron a Vigo y allí iba Víctor todos los veranos de vacaciones con su familia, por estar yo allí, por lo que todos los años pasaba con él y con su familia una temporada.

 

A mí me trasladaron de Vigo a Madrid, y allí acudió a mí para que le consiguiera créditos para ampliar el negocio de la granja avícola, cosa que le conseguí a través del Instituto Nacional de Colonización por medio del P. Gaspar, carmelita descalzo de nuestro convento de Valladolid que tenía gran amistad con el Director en Valladolid del Instituto Nacional de Colonización. Los créditos eran con unos intereses muy bajos. Así es como logró ampliar las naves de su granja. Luego amplió el negocio comprando un comercio de alimentación, un almacén de piensos (esto a medias con un socio), todo ello en Medina del Campo, y últimamente se hizo con un puesto en unas galerías de alimentación en Madrid, vendiendo así en directo, la producción de huevos de su granja. Tenía dos casas, una en la granja y otra en la calle Maldonado, que está en el centro de la Villa.



sábado, 24 de junio de 2023

Testimonios. P. José Francisco Rodríguez(A)

P. José Francisco del brazo de su prima Purificación en el acto de la Apertura
del Proceso Diocesano de Canonización de su hermano Víctor en Valladolid.


El día 16 de mayo, como ya les hemos informado, falleció en Burgos el P. José Francisco Rodríguez, el iniciador y promotor de la Causa de Canonización de su hermano Víctor Rodríguez, por eso queremos reproducir el testimonio en que recogió algunas experiencias compartidas con él.

 

Ha dejado también un testimonio amplio sobre la vida ejemplar de Víctor que tendrá plena validez para su Proceso de Canonización por adaptarse a las normas de la “Sanctorum mater. Instrucción sobre el procedimiento instructorio diocesano o eparquial en las causas de los santos, que en el Artículo 82 dice: “El Obispo o su delegado puede aplicar el principio ne pereant probationes en el caso de que haya riesgo de perder algunas pruebas testimoniales de cierta importancia (por ejemplo, si urge oír a algunos testigos ancianos o enfermos). Así se hizo a su debido tiempo y por eso tendrá plena validez”.

 

Comienza el testimonio:

Soy carmelita descalzo y hermano de Víctor Rodríguez, del que recojo aquí unos breves datos de su vida en relación con la mía.

El primer recuerdo que tengo de mi hermano Víctor, data de mi infancia. Él y yo dormíamos juntos, y él, lo primero que hacía al levantarse, era ponerse de rodillas sobre la cama y rezar ante un crucifijo que había a la cabecera de la cama, cosa que a mí me edificaba, aunque no le imitaba.

A veces el párroco del pueblo hacía catequesis general a los niños de edad escolar, y a las preguntas que hacía, era él siempre el que respondía y respondía acertadamente a todas las preguntas. Eso se debía a que destacaba, con mucho, en inteligencia sobre el resto de los muchachos de su edad y a que leía la Historia Sagrada que había en casa y que nuestro padre se ocupaba de explicarnos desde niños.

 

NOTA: Si desean ver el funeral del P. José Francisco, pueden hacerlo poniendo correctamente esta dirección: https://youtu.be/rAKppioQTkE






jueves, 18 de mayo de 2023

P. JOSÉ FRANCISCO RODRÍGUEZ

 

P. José Francisco entre Víctor y su sobrina Begoña


El martes, día 16 de mayo, ha fallecido en Burgos el P. José Francisco, carmelita descalzo, hermano de Víctor, con el que estuvo muy unido a lo largo de su vida y el que, desde el mismo día del entierro de Víctor, decidió trabajar por su canonización.

 

Ya estaba convencido de la santidad de Víctor, pero ese día, Begoña le entregó unos manuscritos tan espirituales de su padre, que acabaron de convencerle de que había que dar cuanto antes los primeros pasos para conseguirlo.

 

Reunió en pocos días todo el material disponible, lo puso en manos del especialista en biografías de santos, el P. José Vicente Rodríguez, que en pocos meses concluyó su obra con el llamativo título: “Vida impactante de un cristiano de a pie, Biografía de Víctor Rodríguez Martínez (1925 -2012)”, y consiguió que D. Natalia Babiano, propietario de la editorial Arca de la Alianza, imprimiera 5.000 ejemplares de forma gratuita.

 

Hasta el año 2017 en que se descubrió que tenía cáncer, dedicó su vida a difundir la santidad de Víctor entre los carmelitas descalzos en todas sus ramas, ya que él era carmelita seglar, entre los adoradores nocturnos, los miembros de cursillos de cristiandad y los seglares de la congregación de San Felipe Neri mediante el envío a distintas comunidades e instituciones de la obra mencionada, posteriormente reeditada por Editorial Fonte, de Estampas con un resumen de su vida, de una Novena y de los libros “Víctor sonrisa de paz”, y  “Escritos espirituales de un cristiano de a pie”.

 

Lleno de achaques y limitaciones, el día 18 de diciembre de 2021, pudo asistir a la solemne Apertura de su Proceso de Canonización en la ciudad de Valladolid  viendo así realizado su deseo. Hoy ya goza con él en la Casa del Padre.




sábado, 25 de agosto de 2018

Testimonios. José Francisco Rodríguez.

Víctor ( 1º. a la izquierda) con su padre y hermanos. José francisco (el 3º a la izquierda).


Soy carmelita descalzo y hermano de Víctor Rodríguez, del que recojo aquí unos breves datos de su vida en relación con la mía.

El primer recuerdo que tengo de mi hermano Víctor, data  de mi infancia. Él y yo dormíamos juntos y él, lo primero que hacía al levantarse, era ponerse de rodillas sobre la cama y rezar ante un crucifijo que había a la cabecera de la cama, cosa que a mí me edificaba, aunque no le imitaba.

A veces, el párroco del pueblo hacía catequesis general a los niños de edad escolar, y a las preguntas que hacía, era él siempre el que respondía y que respondía acertadamente a todas las preguntas. Eso se debía a que destacaba, con mucho, en inteligencia, sobre el resto de los muchachos de su edad y a que leía la Historia Sagrada que había en casa y que nuestro padre se ocupaba de explicarnos desde niños.

Comiendo con Víctor en Velillas. José Francisco el sentado de espaldas.

A los 15 años se presentó en Palencia a exámenes de ingreso para bachillerato y fue aprobado, pero no pudo seguir los estudios por necesitarle nuestro padre para que le ayudara en las faenas del campo, ya que de nuestros hermanos mayores, uno era militar y al otro le mataron en la guerra. Por ese motivo se vio obligado a ayudar a trabajar a nuestro padre en las faenas más duras del campo desde los catorce años.

A él le debo yo el ser carmelita descalzo, pues a mis 11 años (él tenía 16), entré en el colegio preparatorio de Medina del Campo, cosa que no pudiera haber hecho si él no se hubiera encargado de hacer su trabajo y el que me correspondería a mí haber hecho, en su día, de no haber entrado en el colegio preparatorio.

Cuando yo canté misa, me destinaron de profesor al colegio de Medina del Campo  donde, meses antes, él se había trasladado a vivir y así pudimos vernos con frecuencia durante el tiempo que allí pasamos juntos.

Víctor con José Francisco y Begoña.
Más tarde me trasladaron a Vigo y allí iba, todos los veranos de vacaciones con su familia, por estar yo allí, por lo que todos los años pasaba con él y con su familia, una temporada.

A mi me trasladaron de Vigo a Madrid y allí acudió a mí para que le consiguiera créditos para ampliar el negocio de la granja avícola, cosa que le conseguí a través del Instituto Nacional de Colonización por medio del P. Gaspar, carmelita descalzo de nuestro convento de Valladolid, que tenía gran amistad con el Director en Valladolid, del Instituto Nacional de Colonización. Los créditos eran con unos intereses muy bajos. Así es como logró ampliar las naves de su granja. Luego amplió el negocio comprando un comercio de alimentación, un almacén de piensos (esto a medias con un socio), todo ello en Medina del Campo, y últimamente se hizo con un puesto en unas galerías de alimentación en Madrid, vendiendo así en directo, la producción de huevos de su granja. Tenía dos casas, una en la granja y otra en la calle Maldonado, que está en el centro de la Villa. Todo le iba de bien a mejor, cuando a causa de una crisis nacional avícola, que fue muy prolongada, se quedó del todo en la ruina. Viendo entonces lo inseguro que era todo lo terreno, buscó su seguridad en Dios, a quien se entregó cada vez más del todo hasta el final de su vida.

martes, 28 de noviembre de 2017

Testimonios. Asunción (I)

Los esposos Asunción Merino y Víctor Rodríguez

Comenzamos la sección “testimonios” por el que consideramos el más importante de todos: el de su esposa Asunción Merino que en todo momento compartió y alentó a Víctor en su experiencia cristiana.

Al ser ya de edad avanzada, no ha escrito su testimonio, sino que lo ha hecho a través de una entrevista con el P. José Francisco Rodríguez y al final, después de leer sus respuestas y comprobar que eran correctas, las ha firmado. Al tratarse del testimonio más amplio y más cercano a Víctor, se lo iremos dando a conocer por partes. Para las preguntas usaremos el tipo de letra normal y para las respuestas la letra cursiva y en negrita. Muchas de las preguntas que hace el P. José Francisco, es porque ya conocía algunos testimonios de sus hijas.

 
Interior de la Iglesia de Velillas del Duque

Pregunta: ¿Da fe de que durante los años que vivieron en Velillas del Duque (Palencia), Víctor, su marido, se desplazaba andando a los pueblos vecinos para oír misa y comulgar cualquiera que fuera la inclemencia del tiempo?

Respuesta: Doy fe de ello. Y eso durante 12 años que vivimos allí, sin perder ni un solo día, lo mismo si llovía que si nevaba, que si la temperatura fuera de los grados que fuera bajo cero, y eso que allí las temperaturas en el invierno suelen ser muy bajas. La gente incluso se reía de él, pero él, sin hacer caso de ello, seguía yendo andando a misa al pueblo donde celebrara el párroco la misa sin importarle el frío que hiciera. Como anécdota diré que, cuando pasaba el invierno y se despojaba de las prendas de abrigo que usaba para defenderse del frío durante todo el invierno para ir a misa, las mujeres de uno de los pueblos (Quintanilla) a los que acostumbraba ir a misa, le decían con afecto: ¡Cómo ha adelgazado usted Sr. Víctor! Y él se sonreía.
 
Vista exterior de la Iglesia de Quintanilla de Onsoña

Sólo al final de estos 12 años que vivimos en Velillas del Duque, cuando se deterioró gravemente su salud y ya no podía hacer andando semejante tipo de desplazamientos, tanto el párroco, como un vecino de uno de aquellos pueblos, llamado Germán, se porfiaban por llevarle y traerle en coche, para que no se quedara sin su misa y su comunión de cada día. Pero mientras pudo, fue siempre andando cualquiera que fuera la inclemencia del tiempo. Tengo también que decir que a misa iba siempre sin desayunar, con lo que se pasaba toda la mañana sin tomar nada.


La misa y la comunión no las perdía nunca por nada. Cuando volvimos a Medina, los domingos oía la misa en las Carmelitas Descalzas y los días de semana en el Asilo, por razón de los horarios, pero él no perdía nunca la misa y la comunión. Incluso cuando tenía perdida la memoria, no hacía más que decir: ¿Vamos a misa? Y no hacía más que preguntar: ¿Hay misa? La misa y la comunión eran para él más que el alimento de cada día.