miércoles, 23 de septiembre de 2020

Florecillas. Amor a los pobres.

Pobre solo y abandonado.


Los pobres eran su obsesión. Hablando de su padre Daniel Rodríguez, Víctor no hacía más que decir que quería mucho a los pobres, y no decía más que eso, y lo repetía y lo repetía. Así mismo por cualquiera que le preguntaras si le conocía decía siempre que sí que le conocía, y de inmediato decía de todos, que todos querían mucho a los pobres y se desvivían por ellos. Con esto se estaba retratando a sí mismo, ya que los pobres eran para él una verdadera obsesión amorosa en Cristo.

Esas palabras en favor de los pobres, que atribuía a su padre y a otros conocidos, las decía cuando ya el alzheimer estaba muy avanzado y su memoria no podía diferenciar conceptos, por eso le traicionaba el inconsciente en que estaba grabado con fuerza el amor a los pobres, en los que veía al mismo Cristo.

Ya en alguna ocasión hemos mencionado que este amor a los pobres le surgió desde su infancia en el hogar paterno, donde siempre eran atendidos y hasta acogidos con amor, especialmente un pobre del Valle las Casas que todos los años se hospedaba unos días durante los meses de verano, y que era un pobre muy especial, pues era muy culto y virtuoso. Comía, compartía con la familia, rezaba el Rosario y a veces dirigía la novena de la Virgen del Carmen, pero para dormir, nunca admitió la cama, sino que se iba al pajar. Hablaba siempre de Dios. Esto seguramente que le marcó para el resto de sus días y por eso, las obras que él hacía, se las atribuía a su padre de quien lo aprendió y a sus amigos.
 
Pobre creyente recibiendo limosna.
Dice un refrán: “Cree el ladrón que todos son de su condición”. Eso mismo podemos aplicar a los mansos y limpios de corazón, pues creen que todos son mansos y limpios de corazón como ellos. Por eso Víctor, que amaba de corazón a los pobres, creía que todos amaban y ayudaban a los pobres como él.

En este blog hemos dado a conocer algunos rasgos concretos de su amor y generosidad a los pobres, como el de regalar su abrigo recién estrenado a un pobre que pasaba frío, dar limosna según sus posibilidades a todos los pobres que encontraba, pero especialmente, que hizo muchas horas extraordinarias en la fábrica de Pepsi-Cola, pobre él, para dárselo a los pobres. Eso es amar de verdad a los pobres. No es amor sólo de palabra, es amor de corazón y de obras.




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