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sábado, 10 de marzo de 2018

Testimonios Begoña (V)

Begoña atendiendo a una enferma siguiendo el ejemplo de su padre.

La vida de mi padre fue intensamente apostólica, fruto directo de la intimidad que mantenía con el Señor en la oración. Estaba lleno del celo y deseo de llevar las almas al Señor. Amaba a todos los hombres con el mayor amor que se les puede tener: el deseo de su salvación. En el trabajo procuraba acercar a sus compañeros.

Pertenecía a la Congregación de San Felipe Neri, teniendo como apostolado visitar personas enfermas, apostolado que realizaba en el hospital Gregorio Marañón. Como miembro de la Congregación seglar llevaba una bata  o guardapolvos gris y un crucifijo colgado al cuello cuando visitaba a los enfermos en el hospital. Era el distintivo de los miembros de San Felipe Neri.

En una ocasión me contó cómo, cuando se lo permitían, visitaba a los enfermos de la sección de psiquiatría, los que se encontraban aislados. Algunos estaban encerrados como en una especie de celdas a causa de su agresividad. Algunos cuidadores les tenían miedo. A Víctor le abrían esas estancias, se acercaba en el nombre de Jesucristo con cariño y amor al enfermo, les mostraba el crucifijo y contaba como algunos lo besaban, no mostrando violencia alguna, sino mansedumbre. Víctor no tenía miedo. Su fortaleza era el Señor.

Víctor siempre echaba en la hucha del Domund de Begoña mil pesetas.
En sus visitas a los enfermos no fueron pocas las ocasiones en las que pudo consolar y aliviar a muchos moribundos, ayudándoles a acercarse a Dios antes de su fallecimiento. Su apostolado visitando enfermos, también lo hacía en sus domicilios, ya fuesen familiares, amistades o conocidos.

Cuando pasaba parte de sus vacaciones con su familia en Sabarís, zona costera cercana a Vigo, su vida diaria seguía dedicada a la oración, a cuidar y servir a su familia. Cocinaba para nosotros, así, cuando llegábamos de la playa su esposa e hijos, teníamos la comida ya preparada.

Visitaba a algunas personas enfermas en este pueblo. Como tenía reliquias de algún santo, las llevaba con él en esas visitas y oraba pidiendo la curación del enfermo por la intercesión del santo. En alguna ocasión se produjo no sólo la mejoría, sino hasta la sanación.
 
El gran deseo de Víctor era sentar en su mesa a los pobres.
Recuerdo que el día del Domund, en el colegio, nos daban huchas para ir pidiendo a las personas en la calle. Éramos niños. Sería a finales de los años setenta. Mi hucha tenía siempre una cantidad de dinero considerable. El mayor donativo era el de papá que, pobres como éramos, introducía en la hucha mil pesetas.

Recuerdo que en casa siempre se ayudaba a los pobres. El pobre que llamaba a la puerta de casa pidiendo, nunca se iba con las manos vacías. Siempre que había alguna persona pidiendo a la puerta de la Iglesia a la que fuese a oír misa, papá les daba limosna. Veía a Cristo en los pobres. Su gran deseo era sentar en su mesa a los pobres y que comiesen en su casa.





sábado, 13 de enero de 2018

Testimonios Asunción (IV)


Parroquia de San Clemente Romano a la que Víctor acudía a orar

Pregunta: Dice Víctor en los escritos suyos que dejó al morir, que muy de madrugada se iba a la iglesia a orar y que allí se pasaba el resto de la noche. ¿Estaba usted enterada de ello?
Respuesta: Me consta que iba todas las noches a hacer oración a la iglesia hasta que su director espiritual le aconsejó que no lo hiciera por lo peligroso que era caminar de noche por Madrid. A partir de entonces, seguía pasando las noches en oración, sólo que, en lugar de hacerlo en la iglesia, lo hacía en casa. En cuanto al tiempo que pasaba en oración en la Iglesia, lo mismo durante el día que durante la noche, ordinariamente lo pasaba de rodillas. Tal es así, que llegaron a salirle callos en las rodillas.

Pregunta: ¿Le vio llorando alguna vez a Víctor, y cuál era la causa?
Respuesta: Le vi llorando muchas veces, pues lloraba muchas veces los últimos años de su vida. Yo le preguntaba por qué lloraba y me respondía: No lo sé. Otras veces, al preguntarle por qué lloraba, cambiaba las lágrimas por una sonrisa. Lloraba sobre todo después de comulgar. Cuando volvía de comulgar volvía frecuentemente llorando, pero su llanto no era un llanto doloroso, sino un llanto lleno de paz.
 
Víctor y Asunción con la familia de su hija Tere

Pregunta: ¿Cuál fue la causa de trasladarse a vivir de Madrid a Velillas del Duque?
Respuesta: El dejar Madrid para ir a vivir a Velillas, fue debido a que, nuestro hijo, que hacía de portero en la casa en que vivíamos, dejó de trabajar como portero y antes de alquilar casa en Madrid, decidimos ir a Velillas del Duque, donde teníamos casa propia que yo había heredado de mis padres. Por supuesto que buscábamos también llevar una vida más tranquila y un ambiente menos contaminado, física y espiritualmente, como el de Madrid.
 
Mendigo solitario

Pregunta: Begoña dice de su padre Víctor que veía a Jesús en los pobres y que su gran deseo era que comieran en su casa y sentarlos con él a su mesa. ¿Recuerda algún hecho de su vida especialmente significativo sobre cómo trataba a los pobres?
Respuesta: Aparte de que no podía ver ningún pobre que no le socorriera, recuerdo que en una ocasión llegó a casa un pobre y hablando con él le dijo: ¿Pasará usted mucho frío? El pobre le dijo: “Mucho, mucho frío pasamos pidiendo por las calles”. Entonces él, sin mediar más palabras, fue al armario, cogió el abrigo que tenía casi recién estrenado, y se lo dio. Él, que era muy friolero, se desprendió sin más del abrigo para dárselo al pobre. En otra ocasión fue a pedir a su casa una mujer y le preguntó si tenía comida para comer aquel día. Ella le dijo que no. Entonces me dijo a mí: “Anda, prepárala comida y se la das”, como así lo hice con todo gusto. Esto por poner algunos ejemplos. Lo cierto es que no podía ver a un pobre que le pidiera o que viera pidiendo limosna que dejara de socorrerles con todo amor, por amor a los pobres y por amor a Jesús, a quien veía en los pobres.



viernes, 13 de octubre de 2017

Amor a los pobres

San Vicente de Paúl

Dice San Vicente de Paúl: “Nosotros no debemos estimar a los pobres por su apariencia externa o su modo de vestir, ni tampoco por sus cualidades personales, ya que, con frecuencia, son rudos e incultos. Por el contrario, si consideráis a los pobres a la luz de la fe, os daréis cuenta de que representan el papel del Hijo de Dios, ya que Él quiso también ser pobre”. Y añade: “Porque Dios ama a los pobres y, por lo mismo, ama también a los que aman a los pobres, ya que, cuando alguien tiene un afecto especial a una persona, extiende este afecto a los que dan a aquella persona muestras de amistad o de servicio”.


Así fue el entrañable amor de Víctor a los pobres. Era como el fruto de su fe, que le llevaba a ver en ellos a Jesús. No podía ver a un pobre que le pidiera o que viera pidiendo limosna, que dejara de socorrerle con todo amor. No sólo daba limosna a los pobres, sino que amaba a los pobres. Contamos con testimonios preciosos como el de su esposa Asunción:

“Recuerdo que en una ocasión llegó a casa un pobre y hablando con él le dijo: “¿Pasará usted mucho frío?”. El pobre le dijo: “Mucho, mucho frío pasamos pidiendo por las calles”. Entonces él, sin mediar más palabras, fue al armario, cogió el abrigo que tenía casi recién estrenado y se le dio. Él, que era muy friolero, se desprendió sin más del abrigo para dárselo al pobre”. La verdad es que era tan friolero, que en invierno tenía los pies siempre fríos, tanto en casa como en la fábrica. Solamente le entraban en calor cuando viajaba en el Metro. ¡Qué calor haría en el Metro!

San Martín de Tours famoso por partir su capa
y entregar la mitad a un pobre


Pero hay un hecho singular testificado por Mari Carmen Arias, compañera de trabajo en la fábrica embotelladora de Pepsi Cola que nos muestra hasta que punto llevó ese amor incondicional a los pobres. Dice así:


“Cuando él realizaba horas extraordinarias en la fábrica, entonces me pedía sobres (yo trabajaba en la administración) para meter dinero en esos sobres y repartirlo entre gente necesitada. Yo le recriminaba que tenía 7 hijos y debería guardarlo para ellos, y me contestaba que sus hijos comían todos los días y había gente que no comía. Y me decía también, así textualmente: “Mi mujer es muy apañadita” y se arregla con el jornal”.

Unas manos ofreciendo monedas


Cuando ya el alzheimer estaba tan avanzado que no le permitía poder expresarse ni seguir una conversación, cuando menos se esperaba comenzaba a hablar de que su padre amaba tanto a los pobres, que lo dio todo a los pobres. Y lo repetía y lo repetía. Era sin duda una manifestación de su subconsciente que le hacía referir a su padre lo que él había realizado desde el momento de su conversión. Víctor daba limosna a los pobres, porque amaba de corazón a los pobres.