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| Madre Mariana de San José, fundadora de las Agustina Recoletas. |
Alabado sea Jesucristo, en quien vivimos y nos amamos.
Él buscó el momento de la oración en la Iglesia, para que se relacionasen nuestras almas. Tantos días y tantas horas haciendo oración, y tuvo que ser un día que no abrían la iglesia para que cambiásemos impresiones espirituales.
Desde aquella fecha se inició nuestra relación verbal, pero espiritualmente ya nos había relacionado el Señor. Parece que fue ayer, serán por lo menos 25 años los que han pasado. Y, ¡cuántas cosas han sucedido!
Víctor, que era muy madrugador, solía esperar al párroco D. Francisco Teresa para ayudarle a abrir la iglesia, preparar los ornamentos, los libros y los utensilios de la celebración, pero un día, por despiste o por algún compromiso, no llegó a la hora acostumbrada, y es cuando aprovechó para saludar y entablar una conversación con una joven muy devota. Este encuentro fue providencial para el discernimiento vocacional de la joven.
Desde ese momento, ya todos los días se saludaban y charlaban brevemente de cosas espirituales al salir de misa, aunque, como reconoce Víctor, “ya el Señor les había relacionado”. Y de esas charlas surgió la decisión de esa joven para ingresar en las religiosas agustinas recoletas.
Alabado sea Jesucristo,
en quien vivimos y nos amamos.
Él buscó el momento de
la oración en la Iglesia, para que se relacionasen nuestras almas. Tantos días
y tantas horas haciendo oración, y tuvo que ser un día que no abrían la iglesia
para que cambiásemos impresiones espirituales.
Desde aquella fecha se
inició nuestra relación verbal, pero espiritualmente ya nos había relacionado
el Señor. Parece que fue ayer, serán por lo menos 25 años los que han pasado.
Y, ¡cuántas cosas han sucedido!
Víctor, que era muy
madrugador, solía esperar al párroco D. Francisco Teresa para ayudarle a abrir
la iglesia, preparar los ornamentos, los libros y los utensilios de la
celebración, pero un día, por despiste o por algún compromiso, no llegó a la
hora acostumbrada, y es cuando aprovechó para saludar y entablar una
conversación con una joven muy devota. Este encuentro fue providencial para el
discernimiento vocacional de la joven.
Desde ese momento, ya todos
los días se saludaban y charlaban brevemente de cosas espirituales al salir de
misa, aunque, como reconoce Víctor, “ya el Señor les había relacionado”.
Y de esas charlas surgió la decisión de esa joven para ingresar en las
religiosas agustinas recoletas.
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