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| Jesús orando en el huerto de Getsemaní. |
Sabes que aunque no escriba, siempre estoy unido en oración y no dudo que en los tragos que tengo que pasar, tus oraciones me sirven de alivio. Mi alma triste y angustiada está, llena de desolaciones y tentaciones, incluso contra la fe; gracias a que siempre fue para mí la agonía del Huerto, donde el Señor sudó sangre, el paso que más me impresionó, en Él y las lágrimas que derramo y las uno a las suyas, me sirven de alivio, y a su vez me introducen en el misterio de la cruz. Que este año sea rico en misericordia.
Esta confidencia de las difíciles pruebas por las que pasó, coincide con lo que nos dice en el número 23 de sus escritos autobiográficos. Además, en una libreta borrador, antes de escribir esos escritos autobiográficos, figuran variantes importantes que merecen destacarse, pues señala a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa como los guías que le acompañaron en ese difícil camino.
“Angustiada y triste mi alma está. Camino del Huerto de los Olivos va, para gustar la sangre allí sudada por el infinito amor de quien sudó. Fortalecido quedé. El camino del Monte Carmelo empecé. A mi Dios mis pecados cargué y aun así me pesaron. No sabía por donde empezar. Juan y Teresa vinieron, la senda de la nada me enseñaron, que recta a la cima llegaba. Sin mirar a derecha ni izquierda, recto caminaba. Cuando a la cima llegué, allí solo a Dios encontré. Mi alma a la cruz se subió. Allí se fusionó abrazada al Cordero degollado”.


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