sábado, 10 de agosto de 2019

Testimonios. Germán Montes (III)

Don Germán Montes autor de este testimonio.


Cuando el párroco estaba ausente del pueblo, como él sin misa y sin comunión no se quedaba por nada del mundo, iba a misa a Saldaña que dista seis kilómetros del pueblo donde él vivía. Por el camino iba rezando el Rosario. La vuelta la hacía en taxi, ya que le faltaban fuerzas para caminar otros seis kilómetros, dada su edad avanzada y sus muchos achaques.

Al final del tiempo que vivió en Velillas del Duque, como el señor cura párroco y yo sabíamos que Víctor no podía vivir sin oír misa y comulgar, al ver que Víctor ya no podía andar, tanto él como yo nos ofrecíamos a ir a buscarle a Velillas para llevarle en coche al pueblo donde se celebraba la misa y de llevarle de nuevo a Velillas una vez finalizada la misa.

Fachada lateral de la Parroquia de Quintanilla de Onsoña.

Aunque Víctor no solía hablar de su vida, sí que me dijo que cuando se arruinó, fue cuando empezó a afianzarse más en Dios. También me dijo que los compañeros de trabajo, en un principio le llamaban Padre Víctor, pero que al final se pusieron contra él, porque sus compañeros robaban a la empresa y él se lo recriminaba. Si cargaban el camión, por ejemplo, de cien cajas de Pepsi-Cola, declaraban que llevaban 80 cajas y ellos se quedaban con el importe de las 20 cajas no declaradas.

Se sentía muy orgulloso de tener una hija y una nieta religiosas carmelitas descalzas. Cuando hablaba de ellas, como que se le abría el corazón.


En cuanto a mí se refiere, yo antes de conocer a Víctor, solía ir a misa, pero nunca comulgaba ni rezaba nunca el Rosario. Ahora voy a misa a diario y comulgo en todas las misas y rezo el santo Rosario también a diario, bien en casa, bien en la Iglesia, y esto se lo debo a Víctor, por lo que le estoy muy agradecido.





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