sábado, 17 de agosto de 2019

Habla Víctor. La memoria perdí. (Día 17 de agosto del 2019).

Monasterio de San José de Las Batuecas.


Esta situación se prolongaba algunos años durante mi estancia en el desierto. La memoria totalmente perdí; ni para confesarme la tenía. Por más esfuerzos que hacía, nada podía decir. Ante el confesor, solamente llanto de dolor manifestaba.

¿Qué te pasa, Víctor, que has perdido la memoria hasta el punto de no acordarte ni de tus pecados? Entonces, ¿para qué te acercas al confesor, si no te acuerdas de tus pecados y no puedes confesarlos para que te los perdone? ¿Solamente para llorar?

Lo que a Víctor le sucedía durante sus estancias en Batuecas solamente se explica por la acción que Dios estaba realizando en su vida y en concreto en su memoria, para vaciarla de las noticias naturales y purificarla totalmente para unirla con Él, una experiencia que solamente concede en esta vida a los místicos. Víctor expresa lo que experimentaba, pero no lo puede explicar, pues para eso se necesitan unos conocimientos filosóficos y teológicos de los que él carecía. Pero como Dios es providente, puso en su camino a San Juan de la Cruz que salió en su ayuda para explicarle a Víctor y explicarnos a nosotros lo que le estaba pasando.

San Juan de la Cruz doctor de la Iglesia y especial maestro de Víctor.

Les recomendamos la lectura del Libro Tercero de Subida del Monte Carmelo y especialmente el capítulo segundo, del que tomamos algunas palabras que nos ayudarán a entender lo que le estaba pasando Víctor, aunque el lenguaje de San Juan de la Cruz es demasiado técnico.

“Como Dios no tiene forma ni imagen que pueda ser comprendida de la memoria, de aquí es que, cuando está unida con Dios, como también por experiencia se ve cada día, se queda sin forma y sin figura, perdida la imaginación, embebida la memoria en un sumo bien, en grande olvido, sin acuerdo de nada; porque aquella divina unión la vacía la fantasía y barre de todas formas y noticias, y la sube a lo sobrenatural.

Y así, es cosa notable lo que a veces pasa en esto; porque algunas veces, cuando Dios hace estos toques de unión en la memoria, súbitamente le da un vuelco en el cerebro, que es donde ella tiene su asiento, tan sensible que le parece se desvanece toda la cabeza y que se pierde el juicio y el sentido. Y esto, a veces más, a veces menos, según es más o menos fuerte el toque. Y entonces, a causa de esta unión, se vacía y purga la memoria, como digo, de todas las noticias, y queda olvidada y a veces olvidadísima, que ha menester hacerse gran fuerza y trabajar para acordarse de algo.

Subida del Monte Carmelo, una de las obras de San Juan de la Cruz.

Y de tal manera es a veces este olvido de la memoria y suspensión de la imaginación por estar la memoria unida con Dios, que se pasa mucho tiempo sin sentirlo ni saber qué se hizo aquel tiempo. Y como está entonces suspensa la imaginativa, aunque entonces le hagan cosas que causen dolor, no lo siente.

Y para que Dios venga a hacer estos toques de unión, le conviene al alma desunir la memoria de todas las noticias aprehensibles, y estas suspensiones es de notar que ya en los perfectos no las hay así, por cuanto hay ya perfecta unión, que son de principio de unión” (3Sub. 2, 4-6).



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