miércoles, 3 de julio de 2019

Florecillas. Representa usted setenta años.

Víctor anciano y sonriente con su esposa y su hija Teresa

Antes de cumplir los sesenta años, al abonar un billete de tren le pidieron la tarjeta dorada para que le resultara más económico. Él se sonrió, aludiendo a que no tenía la edad requerida. El cobrador le miró muy extrañado y le preguntó entonces cuántos tenía; al oír la respuesta exclamó: representa usted setenta, y fueron varias las personas a las que en diversas ocasiones les pareció mi padre muy mayor. Tenía una vida muy gastada por tantas horas de trabajo, oración y sufrimiento que fueron minando su salud y haciendo que representara más edad que mi madre, a pesar de llevarse con ella sólo un año (Vida… P. 74).

Cuando Víctor tenía unos cincuenta años, ya una niña le había llamado viejo y en lugar de molestarse, que es lo que suele suceder, aunque uno se lo calle, llegó contento y sonriente a casa y le faltó tiempo para contarlo a su esposa e hijas, añadiendo que los niños siempre dicen la verdad.

 Víctor sonriente contemplado a María en brazos de Tere

De nuevo se repite la escena, sólo que en esta ocasión no fue una niña, sino el cobrador de billetes en la taquilla de la estación el que, de forma indirecta le llamó viejo al pedirle la tarjeta dorada para que le saliera más barato. Sonriente, como siempre, le dijo que aun no tenía la edad requerida. El honesto cobrador que quería ayudarle, le miró muy extrañado y le preguntó: ¿Pues qué edad tiene? Y cuando le dijo la edad, no pudo por menos de exclamar: “Pues representa por lo menos setenta”.

Su hija Begoña trata de explicar esa apariencia de anciano por tantas horas extras de trabajo en Pepsi-Cola, tantas horas de oración robadas al descanso nocturno y por los sufrimientos que no especifica, pero que procedían especialmente de los compañeros.

Víctor muy anciano pero sonriente con su hija Tere

Lo verdaderamente destacable de esta anécdota es su humildad, su sencillez y sobre todo su “sonrisa” cuando le llamaban o tenían por “viejo”. Lo que para la mayoría de los mortales resulta bastante humillante que a la cara le llamen viejo, se convertía para Víctor en motivo de alegría especial, pues al no tener apego a los valores de este mundo, no estaba pendiente de su imagen ni del qué dirán, eso que tanto se valora hoy día. Es más, por las pocas fotos que nos quedan de Víctor, es fácil comprobar que en la mayoría de ellas aparece sonriente, pero que su sonrisa de paz, es más notoria en su ancianidad y en su enfermedad.

Resaltamos esta sonrisa en su vejez y en su enfermedad, porque lo normal hoy día, es encontrar caras serias y tristes en la mayoría de los ancianos, síntoma de que se sienten amargados, desilusionados y hasta fracasados porque carecen de esperanza y ven como se acerca el final de sus días. La permanente sonrisa de paz de Víctor, es por el contrario, la manifestación externa de que la alegría y esperanza con que el Señor iluminaba su vida desde dentro.


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