miércoles, 5 de junio de 2019

Habla Víctor. Una losa sobre mí cayó.

Desierto de San José de Las Batuecas.


Una losa sobre mí cayó. Inexperto me encontraba, a la oración no llegaba, ansias de irme tenía, porque aguantar no podía. Luché contra mí y seguí.

La experiencia de Víctor en Batuecas marca un cambio radical en su vida, cambio que solamente podemos vislumbrar guiados por la sabia doctrina de San Juan de la Cruz, a la que reiteradamente tendremos que acudir para entender lo que allí le pasó a Víctor.

¿Qué buscaba Víctor en Batuecas? Seguramente afianzarse en la experiencia con que el Señor le había mimado desde el momento de su conversión, como suele hacer con los que deciden seguirle de verdad y que San Juan de la Cruz describe maravillosamente: “Es de saber que el alma, después que determinadamente se convierte a servir a Dios, ordinariamente la va Dios criando en espíritu y regalando al modo que la amorosa madre hace al niño tierno. Al cual, al calor de sus pechos le calienta, y con leche sabrosa y manjar blando y dulce lo cría y en sus brazos le trae y regala. Pero a la medida que va creciendo. Le va la madre quitando el regalo y escondiendo el tierno amor” (1N. 1, 2).
 
S. Juan de la Cruz el maestro que orientó y ayudó a Víctor.

El comportamiento de la cariñosa madre con el niño al que luego tiene que quitar esos regalos para que pueda hacer cosas más sustanciales, le transfiere al orden espiritual para indicar que eso mismo hace Dios con aquellos a los que quiere llevar ya en esta vida a una verdadera unión con Él, pues si al principio les concede gran gusto en los ejercicios espirituales para que se engolosinen, después se los quita para que obren como adultos. Vean como describe San Juan de la Cruz los gustos que el Señor concede a esos recién convertidos, como era el caso de Víctor:

Su deleite halla pasarse grandes ratos en oración y por ventura las noches enteras; sus gustos son las penitencias, sus contentos los ayunos, y sus consuelos usar de los sacramentos y comunicar en las cosas divinas; las cuales cosas, aunque con grande eficacia y porfía asisten a ellas y las usan y tratan con gran cuidado los espirituales, hablando espiritualmente, comúnmente se comportan muy flaca e imperfectamente en ellas. Porque, como son movidos a estas cosas y ejercicios espirituales por el consuelo y gusto que allí hallan, y como también ellos no están habilitados por ejercicio de fuerte lucha en las virtudes, acerca de estas sus obras espirituales tienen muchas faltas e imperfecciones (1N. 1, 3).
 
Una losa sobre mí cayó.


Es muy probable que Víctor fuese a Batuecas con la esperanza de que, esos  gustos aumentarían en un clima tan favorable. Pero, ¿con qué se encontró? Sus palabras lo delatan: “Una losa sobre mí cayó”. Y es que, según parece y podemos comprobar por sus palabras, el Señor eligió ese momento para tratarle ya como a adulto.


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