miércoles, 12 de junio de 2019

Florecillas. Buscaba sacerdote para moribundos

Santa Mónica con su hijo San Agustín.


“Durante el tiempo que vivieron en la portería de Príncipe de Vergara, en varias ocasiones fue a buscar al párroco para que asistiera a unos vecinos que se estaban muriendo. Los familiares de los moribundos no rechazaron su ofrecimiento de ir a llamar al sacerdote a pesar de que no tenía un trato de amistad con ellos, porque se lo ofrecía con su bondad habitual. Probablemente se hubieran quedado sin los auxilios espirituales sin la diligencia de mi padre” (Vida impactante… P. 66).

A la calle Príncipe de Vergara, número 97, en el centro mismo de Madrid, se trasladó a vivir para ayudar a uno de sus hijos al que habían contratado como portero de un edificio. La vivienda destinada al portero era pequeña y bastante oscura ya que solamente tenía ventanas a un pequeño patio interior y allí se trasladó aceptando y adaptándose a las penurias del lugar.

Parroquia de Santa Mónica en Madrid a que asistía Víctor.

Ya estaba jubilado por enfermedad y muy limitado de facultades, pero su amor a los pobres y a los enfermos seguían intactos, así es que, cuando se enteraba por su hijo de que había algún enfermo en el edificio, aunque no conociera al enfermo ni tuviera trato con esa familia, pronto se hacía presente, se interesaba por su  salud, dialogaba con los familiares y se ponía a su disposición. Cuando la enfermedad era grave, movido por el deseo de que todos se salven, no dudaba en proponerles una asistencia espiritual, especialmente la del sacramento de la Unción de Enfermos. Lo hacía con tanta humildad y delicadeza, les hablaba con tanto celo de la resurrección y de la felicidad que Dios Padre tiene preparada para sus hijos, que todos aceptaban su ayuda.

Aceptada por el enfermo y por sus familiares la asistencia de un sacerdote, lo primero que hacía, era ir a la Parroquia Santa Mónica regida por los padres agustinos recoletos, ubicada a pocos metros de su domicilio en C/ Príncipe de Vergara Nº. 87 solicitando su ayuda. Como era la iglesia a la que Víctor asistía diariamente a misa mientras vivió en Príncipe de Vergara, había entablado amistad con algunos religiosos siempre dispuestos a ayudarle. Víctor siempre les agradeció esa disponibilidad y prontitud en acudir a confesar e impartir la Unción de Enfermos.

Interior de la Parroquia de Santa Mónica de Madrid.

Esa preocupación por la asistencia espiritual a quienes se acercaban a la muerte la mantuvo toda su vida. Y si se preocupaba de animar a los moribundos y les buscaba sacerdote que les administrase los últimos sacramentos, ¡cuánto oraría por ellos para que aceptaran con fe y esperanza ese momento del encuentro con el Señor!


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