sábado, 18 de noviembre de 2017

Víctor escritor

Amanuense en su escritorio

¿Tuvo Víctor capacidad para escribir de cosas de oración, de virtudes y hasta de experiencias místicas?

Es curioso que, a pesar de su escasa formación -sólo la elemental que se ofrecía en las escuelas de los pueblos- ya que las circunstancias familiares le impidieron acceder al bachillerato, nos haya dejado unos escritos, no muchos, pero muy significativos que nos pueden ayudar a descubrir sus experiencias espirituales y servirnos de orientación en nuestra búsqueda de la perfección cristiana.

La verdad es que, esa deficiencia de formación la suplió con lecturas, especialmente relacionadas con la espiritualidad y con la Iglesia. Su hija Begoña nos informa: “Leía mucho lecturas de libros espirituales; por supuesto las Obras de sus grandes maestros San Juan de la Cruz y Santa Teresa. También leía todo lo referente al Carmelo Descalzo Seglar al que pertenecía. Estaba suscrito al L´Osservatore Romano. Cada semana recibía el periódico del Vaticano en el buzón de casa. Después de leerlos los guardaba por meses y los llevaba a la Parroquia. Estaba muy bien informado de todo lo referente a la vida de la Iglesia. Se leía todas las encíclicas, cartas apostólicas, etc.”.

Bolígrafo, utensilio de Víctor en sus escritos

El estilo de sus escritos es coloquial. Lo hace como si estuviera hablando con las personas destinatarias, excepto cuando escribe para sí mismo para no olvidarse de sus vivencias espirituales. Nunca se preció ni buscó escribir bien, que lo hubiera considerado como una vanidad, sino comunicar bien y expresar con claridad lo que quería transmitir a sus destinatarios, pues siempre escribió a petición de esos destinatarios, excepto en los que denominamos “Hechos de vida o Autobiografía”.

Asiduo lector de los santos carmelitas, a cuya orden pertenecía como miembro seglar, conoció muy bien los escritos de Santa Teresa de Jesús, de Santa Teresita del Niño Jesús, de Santa Isabel de la Trinidad, etc., pero quien marcó su espiritualidad fue San Juan de la Cruz.

San Juan de la Cruz escribiendo sus obras

Su padre, Daniel Rodríguez, labrador, pero bastante culto por ser hijo de maestro, en invierno, cuando las tareas agrícolas cesaban y los días eran muy fríos e invitaban a cobijarse junto a la lumbre del hogar, gustaba de leer las obras de San Juan de la Cruz sentado junto al fogón de la cocina. Sus hijos fueron testigos de ello, pues a veces hasta les hacía comentarios de esas lecturas. ¿No surgiría ahí su preferencia por este santo?


Especialmente en los “Hechos de vida o Autobiografía” su influjo es evidente, no sólo en su experiencia mística sino hasta en los modos de expresarse, con frases que a veces son tomadas casi al pie de la letra de San Juan de la Cruz a quien siempre consideró su padre, maestro y guía espiritual.



martes, 14 de noviembre de 2017

Ermitaño en Batuecas

Desierto de San José de los Carmelitas Descalzos en Las Batuecas (Salamanca)

A Víctor le gustaba llevar a su familia de vacaciones en verano. Cuando nadaba en la abundancia, solía ir con toda la familia a Cangas (Pontevedra). Allí alquilaba una buena casa cerca de la playa para que sus hijos disfrutaran del baño y jugaran en la arena. Al sufrir la crisis que le sumió en la pobreza, tuvo que prescindir durante varios años de las vacaciones. Pero como a su esposa le venía muy bien para la salud el baño y el aire del mar, cuando sus recursos se lo permitieron, comenzaron a alquilar en Sabarís (Pontevedra) una casa más barata en el mes de septiembre. Y allí iba con su familia año tras año.

Pero Víctor también pasaba parte de las vacaciones en el monasterio solitario que los Carmelitas Descalzos tienen en Las Batuecas (Salamanca). Los religiosos le permitían vivir con ellos por ser carmelita descalzo seglar y hasta vestir esos días el hábito religioso como los frailes y participar en todos sus actos, incluso levantarse para el rezo de Maitines a media noche. Pronto observó que el padre Valentín de San José, terminado el rezo nocturno, mientras los demás religiosos se retiraban a descansar, él se quedaba orando, y Víctor le imitó. De ahí surgió su costumbre de levantarse a media noche en su propio hogar y permanecer en oración hasta la hora de ir al trabajo.
Víctor ermitaño en la celda que ocupó el Rey Alfonso XIII en su visita a las Hurdes.
Para Víctor aquellos días eran días de gran intimidad con Dios, pero a la vez de angustias y tribulaciones interiores. En sus escritos autobiográficos dedica varios números a hablar de esta terrible experiencia: “Una losa sobre mí cayó”. “El orar pesado era”. "Bien sabía que a sufrir iba, etc”. Víctor experimentaba en esos días las “noches oscuras” que el Señor permite para purificar de sus imperfecciones a quienes verdaderamente le aman, según describe San Juan de la Cruz.


Pero de esas tremendas experiencias en el desierto, volvía totalmente transformado y al incorporarse a la vida ordinaria era cuando percibía y percibían los demás el fruto de su trato íntimo con Dios, hasta el punto de exclamar: “Cuando de allí salí y a la sociedad llegué, buena cuenta me di de lo que allí gané”.

P. Valentín de San José director espiritual de Víctor y de Santa Maravillas.


Pero en el desierto de Batuecas no todo era oración. En los libros de crónicas del monasterio han quedado reflejadas las ayudas que les prestaba, como hacer ponederos para gallinas, reparaciones en la instalación eléctrica, tareas en la huerta, etc. La frase más repetida a la hora de su despedida es: “Ayudándonos en todo lo que hiciera falta”. Uno de los ermitaños, el P. Matías del Niño Jesús le califica de “un santo de cuerpo entero, que se venía a pasar aquí en la soledad todos los años sus vacaciones en oración, que, cumpliendo los trabajos más humildes del campo, daba ejemplo a los religiosos”.






viernes, 10 de noviembre de 2017

Cursillista de Cristiandad.

Anagrama de Cursillos de Cristiandad

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad surgió en la Iglesia con el deseo que todos los hombres, especialmente los alejados de la Iglesia, mediante el anuncio kerigmático del misterio de nuestra salvación, conozcan mejor a Cristo y se animen a seguirlo. Para conseguir ese objetivo utiliza una metodología que se desarrolla en tres etapas: Pre-Cursillo, Cursillo y post-cursillo.

El pre-Cursillo consiste en la búsqueda, selección y preparación de los candidatos. El Cursillo es un encuentro de tres días de duración en el que se expone lo básico de la fe cristiana por medio de charlas, testimonios, oración y puestas en común. El post-Cursillo, procura asegurar los frutos de la conversión mediante la inserción de los cursillistas en una comunidad y su compromiso en la evangelización de la sociedad.

Víctor participando en un Cursillo de Cristiandad

Este Movimiento le vino como anillo al dedo a Víctor para ejercer el apostolado entre sus compañeros de trabajo en la fábrica Embotelladora de Pepsi Cola. Para conseguirlo, comenzó por ganarse su amistad y su confianza para después poder invitarles a los Cursillos de Cristiandad. Por los datos que conocemos, su trabajo se centró especialmente en lo que se considera primera etapa o pre-cursillo, destinada a la búsqueda y preparación de los candidatos. Así nos lo confirma su amigo Daniel Colorado:

“Víctor estaba buscando gente por la fábrica para ir a Cursillos de Cristiandad. Se lo dijo por allí a algunos compañeros y a mí no me dijo nada. Yo tenía conocimiento de los Cursillos y deseaba hacerlos; pregunté a Víctor si yo podía ir y me dijo que sí. Hicimos los cursillos y empecé a tener contacto con él”.

Pero para asistir a los Cursillos de Cristiandad se requería el permiso de los jefes de la empresa para dejar el trabajo durante los tres días que duraban, viernes, sábado y domingo, permiso nada fácil de conseguir, ya que a la empresa le interesaba más sus beneficios que el bien espiritual de sus empleados y, naturalmente, quien tenía que dar la cara para conseguir ese permiso era Víctor. Es más, si alguno insinuaba que no podía hacer frente a los pequeños gastos de los cursillos, él se hacía cargo de ellos.

Secretariado de Cursillos de Cristiandad de Madrid
Víctor, como podemos comprobar en una foto, acompañaba a sus invitados al Curso y les animaba después a ser cumplir sus compromisos. ¡Y con qué entusiasmo cantaba el himno de los Cursillistas!: “De colores se visten los campos en la primavera; de colores, de colores… Y por eso los grandes amores me gustan a mí”.

Le emocionaba especialmente la tercera estrofa que dice: “Jubilosos, jubilosos, /vivamos en gracia puesto que se puede; /saciaremos, saciaremos /la sed ardorosa del Rey que no muere. /Jubilosos, jubilosos, /llevemos a Cristo con alma y vigor /difundiendo la luz que ilumina, /la gracia divina que es grande ideal”.





miércoles, 8 de noviembre de 2017

Adorador Nocturno


Portada de la Basílica de la Milagrosa de Madrid

Enamorado de la Eucaristía, de misa y comunión diaria, aunque para conseguirlo tuviera muchas veces que hacer auténticos sacrificios, es normal que también se anotara en la Adoración Nocturna para pasar la noche en presencia del Amado.

La Iglesia en la que se inscribió como adorador nocturno fue la parroquia Basílica de la Milagrosa de Madrid. Allí consta que ingresó en la obra el 11 de mayo de 1969. Se le asignó el Turno 41 que tenía el compromiso de la adoración los días 21 de cada mes. Fue promovido a veterano el 18 de junio de 1981. Hay constancia detallada de sus asistencias a vigilias ordinarias desde 1969 a 1986. Total asistió a 195 vigilias.

Exposición del Santísimo


A esas noches de adoración ante el Santísimo Expuesto, que pudiéramos denominar oficiales, habría que añadir las muchísimas noches que se pasó él solo ante el Santísimo en la parroquia San Clemente Romano hasta que su director espiritual se lo prohibió por el peligro que suponía regresar solo a casa a las altas horas de la noche.

Las palabras de Pablo VI en la audiencia del 14 de mayo de 1975 dirigidas a los adoradores nocturnos debieron ser para él una auténtica bendición: “Sabemos bien, amados hijos, que pasando largas horas vigilando en oración, mientras el mundo exterior descansa, queréis dar a vuestra vida el complemento sobrenatural que la sublima, la enriquece, le da nueva dimensión. Os expresamos nuestra complacencia y os alentamos a continuar en ese camino. Acrecentad así vuestro amor a Jesucristo, la fidelidad a la Iglesia, la unión con la Jerarquía, la entrega a los hombres hermanos”.

Interior de la Basílica de la Milagrosa de Madrid


Ya lo venía haciendo con esa finalidad, pero estas palabras le estimularon a seguir con más entusiasmo por ese camino de adoración. Pero, ¿cómo hacía su turno de adoración? Nos lo cuenta Daniel Coronado, uno de sus compañeros de turno:

“Era costumbre pasar dos horas en adoración y el resto de la noche los adoradores nos acostábamos en unas camas que había en el lugar para tales efectos. Pronto me di cuenta de que Víctor no se iba a acostar, sino que se pasaba la noche entera adorando al Santísimo. Yo, aunque me iba a acostar no lograba conciliar el sueño y a la hora de la salida al trabajo iba como molesto, mientras que él, que había pasado la noche entera en adoración al Santísimo, iba al trabajo todo alegre y contento. Yo le manifesté que a mí me costaba mucho ir a hacer la vela al Santísimo, él, en cambio, me dijo que estaba deseando que llegara esa noche para ir”.

Entre los libros que han quedado de su biblioteca se encuentra el titulado “Manual de la Adoración Nocturna de España”, Barcelona 1983. Una muestra más de su amor y agradecimiento hacia la Adoración Nocturna que le brindó la oportunidad de pasar noches junto al Amado y poder compartirlas con sus compañeros amigos de Jesús.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Miembro de la Congregación de San Felipe Neri

San Felipe Neri patrono de la Congregación

Víctor perteneció también a la Congregación de San Felipe Neri como miembro seglar. El 20 de abril de 1969, a sus 44 años, presentaba su petición como pretendiente a la “Venerable Junta de Ancianos de la Congregación de San Felipe Neri de Seglares Siervos de los pobres enfermos del Hospital general”. Y manifestaba que, “deseando servir a Dios en sus pobres enfermos y participar de las gracias con que se halla enriquecida la congregación… humildemente suplica se dignen admitirle en la clase de novicio, en lo que recibirá merced”.

Transcurrido ese tiempo de prueba, al año siguiente recibió la Carta o Cédula de adscripción definitiva a la Venerable Congregación de San Felipe Neri. Víctor conservó siempre bien enmarcado en un cuadro este documento, que aún se conserva.

Víctor recibiendo el hábito de la Congregación

Tan en serio se tomó su pertenencia a la Congregación y el cumplimiento de su compromiso con los pobres enfermos, que pronto le nombraron Hermano Mayor a pesar de su resistencia a aceptar el cargo, alegando falta de salud. Es más, le reeligieron durante seis años consecutivos.

Como no deseaba ocupar aquel cargo, recordando lo que hizo Santa Teresa al nombrarla priora de la Encarnación de Ávila que puso en el asiento de la priora a la Virgen María, a él se le ocurrió poner “un Niño Jesús que tenían sentado en una silla muy linda para que ocupase aquel puesto”. Seguro que el Niño Jesús le ayudó en todas sus decisiones.

Como Hermano Mayor, uno de sus principales compromisos era escuchar y atender a los Hermanos de la Congregación. Raro era el día que no recibía alguna llamada que además solía coincidir con el corto descanso nocturno que daba a su cuerpo enfermo. Y Víctor atendía con mucha paciencia y más amor aquellas conversaciones, a veces interminables, con tal de transmitir paz e ilusión a esos hermanos.

Interior del Oratorio de la Congregación.
Todos los domingos, muy de madrugada, acudía a la Congregación de San Felipe Neri para desde allí partir para las visitas a los enfermos. En una ocasión coincidió con el esposo de la señora Felisa que limpiaba y arreglaba la Iglesia, que era ateo, y al verle a hora tan temprana, le preguntó adónde iba un domingo tan de madrugada. Al explicárselo Víctor exclamó: “¡Cuánto tiene que agradecérselo Dios!”.

Como miembro de la Congregación de San Felipe Neri su apostolado principal consistía en visitar enfermos en los hospitales y lo hizo siempre con verdadero amor. Les escuchaba con cariño, se interesaba por sus problemas, a los más necesitados les ofrecía ropa en nombre de la Congregación, siempre tenía una palabra de aliento y jamás dejó de atender a cualquier necesidad física o moral que pudieran tener.