miércoles, 5 de agosto de 2026

P. José Francisco Rodríguez Desde la orilla de Dios XXV

 P. José Francisco Rodríguez.

En el cielo veremos colmados para siempre nuestros deseos. Mientras vivamos en la tierra, nunca veremos colmados nuestros deseos, porque siempre aspiraremos a más. Cuando estemos en el cielo, ya nunca más aspiraremos a más, pues en el cielo veremos nuestros deseos colmados para siempre.


Los enemigos de Dios nada pueden contra Dios. ¿Qué daño pueden hacer a la luna que la ladren los perros? Pues menos daño hacen a Dios los que “ladran” a Dios, que eso es lo que hacen los que hablan contra Dios. Es a ellos, y no a Dios, a quienes se hacen daño.


No es lo mismo decir que los padres aman a sus hijos porque son sus hijos, que decir que mi padre me quiere a mí porque soy hijo suyo. No es lo mismo decir que Dios ama a sus hijos, que decir que Dios me ama a mí como hijo suyo que soy. No es lo mismo que otros me digan que Dios es mi padre, que saber yo que Dios es mi Padre por haber sentido su amor.


La vida es fruto del amor. La vida no es fruto del saber, sino fruto del amor. Hemos nacido como fruto del amor de nuestros padres, no como fruto del saber de nuestros padres. Los padres no son padres por ser sabios, sino que son padres porque se aman tanto, que perpetúan  en sus hijos el amor que se tienen. Ningún hijo pide a sus padres que sean sabios, sino que les quieran.




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