sábado, 30 de septiembre de 2017

Habla Víctor, Oración

Santa Teresa orante y maestra de oración.

Oración es...

“comunicación entre Dios creador y redentor y la criatura pecadora; ésta tan necesitada de su misericordia infinita, que regularmente suele ser de petición. Los pobres solamente se dedican a pedir, y ante Dios, todos somos muy pobres. Así que por mucho que nos esforcemos, siempre terminaremos pidiendo; este es nuestro cometido, siempre nos quedaremos cortos en pedir, al menos comparado con el deseo que el Señor tiene de darnos.


¿Cómo consiguen los mendigos la limosna? Rogando humildemente a quien piden, sin exigencias, tomando lo que se les da. Esta debe ser nuestra nuestra actitud. Fijémonos la diferencia que hay entre el que da limosna a un pobre y a quien nosotros pedimos. Nuestra actitud por tanto debe ser de suma humildad. Según sea ésta, así creceremos en las relaciones personales a quien pedimos.


Tenemos que demostrar confianza; todo cuanto se pide se alcanza. El Señor sabe el momento más propicio para conceder la petición, si ésta es para bien de quien la solicita, por eso no debemos cesar de pedir.

Cultivemos al mismo tiempo la fe; ésta nos ayudará a mantenernos en constante petición”.







miércoles, 27 de septiembre de 2017

Conversión III – Y cambió de vida

Conversión de San Pablo


En la historia de la Iglesia contamos con numerosos ejemplos de grandes y llamativas conversiones, como la de San Pablo camino de Damasco, la de San Antonio Abad primer ermitaño, la de San Agustín, la de San Francisco de Asís, la de santos españoles como San Ignacio de Loyola, San Francisco de Borja, por mencionar algunos.


¿Podemos enmarcar la conversión de Víctor entre las conversiones que llevan a la santidad? ¿Podemos afirmar de él: “y cambió de vida”, como hicieron esos santos?


La conversión de Víctor, como la de los santos mencionados, fue de lo más auténtica. La pérdida de sus bienes materiales siempre la consideró como una gracia muy especial del Señor, que le liberó del apego a los bienes terrenales y le concedió fortaleza y perseverancia para llevar esa liberación hasta el final.


En su conversión se cumplieron las palabras que el Señor nos dice en la Carta a los Hebreos: “Pues aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores y permanentes, no renunciéis pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa” (Heb. 10, 34-35). Pocos ejemplos encontraremos de creyentes que hayan aceptado con tanta alegría la confiscación de sus bienes y hayan mantenido esa alegría durante toda su vida. Por eso podemos afirmar de Víctor, como afirmamos de esos santos: “Y cambió de vida”.

P. Juan Jesús Sánchez, confesor de Víctor 


El P. Juan Jesús Sánchez, tantas veces mencionado con motivo de su conversión, nos traza una breve semblanza del nuevo Víctor surgido tras ese cambio de vida: “Vivía plenamente centrado en su familia y en su nuevo trabajo, dedicando el mayor tiempo posible a su vida cristiana: sacramentos, especialmente la Eucaristía diaria, los ejercicios espirituales, la oración y el cumplimiento fiel de su ideal de terciario carmelita y adorador nocturno, procurando cumplir al mismo tiempo sus compromisos cristianos a favor de la justicia, el bien común y los más pobres y necesitados”.


El cambio de vida, el camino hacia la santidad no fue fácil. A partir del momento luminoso en que cayó en la cuenta de la vanidad de los bienes terrenales, surgirían días, meses, años, toda una vida para seguir avanzando en la intimidad divina y en el adiestramiento de la vida cristiana. Así lo reconoce Víctor al decir: “Si perfecto quieres ser, tu voluntad venderás. A los pobres la darás. A Cristo por mansedumbre y humildad irás, hasta la muerte le seguirás”. Ese ir adentrándose en la experiencia de Dios a través de grandes pruebas y purificaciones es muy claro en el caso de Víctor.

San Juan de la Cruz, guía y maestro de Víctor


En ese largo proceso de purificación contó con la inestimable ayuda de su maestro San Juan de la Cruz, que en la Subida del Monte Carmelo, Libro III, capítulos del 17 al 47 habla de cómo no hay que apegarse a ninguna clase de bienes: temporales, naturales, sensitivos, morales, sobrenaturales y espirituales.


viernes, 22 de septiembre de 2017

Conversión II – “Cayó en la cuenta”



San Juan Crisóstomo

Hemos visto como los santos que para llegar a la santidad tuvieron que pasar por la conversión para alcanzarla, sufrieron en su vida algún acontecimiento doloroso que les hizo caer en la cuenta de que estaban equivocados, que tenían puesta su confianza e ilusión en cosas que en cualquier momento podían perder y que solamente Jesús podía colmar su ansia de felicidad. Ese fue un momento de gracia y de cambio. Jesús se convirtió en su fortaleza.


Dice san Juan Crisóstomo: “Si Jesús es nuestra fortaleza, decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas”.

Debido al fracaso económico, a la pérdida de todos sus bienes materiales, Víctor cayó en la cuenta de que “sin nada vinimos al mundo y sin nada nos iremos de él” y que lo único importante es Dios, y ese caer en la cuenta, marcó la línea divisoria entre un antes, en que confiaba en sí mismo y un después, en que se entregó por entero al Señor.


Así lo reconocen los que le conocieron, como Eva, la más pequeña de sus hijos, hoy religiosa Carmelita Descalza: “La ruina de este negocio, con que había prosperado años atrás, fue la causa del cambio total que dio la vida de mi padre. Desde entonces comprendió la vanidad de las riquezas y puso su confianza en Dios, entregándose a una vida de oración."

Volveré a la casa del Padre


Otra de sus hijas, Teresa, declara: “Sólo puedo decir que hubo un antes y un después de la conversión de mi padre, cosa que comprendo, pues a mí me ha pasado lo mismo, no a su nivel, claro está. ¡Que más quisiera yo! Pero para todos es lo mismo, aunque ocurra de diferentes maneras… No es lo mismo seguir las normas cristianas por tradición, que encontrarse con el Señor y vivir de otra manera”.


Víctor fue consciente y siempre dio gracias a Dios por el cambio radical en su vida a partir de su ruina económica: En sus papeles autobiográficos aparecen frases como esta: “Al cambiar de vida, de luz me llenó. Claro empecé a ver el camino errado que había dejado. Gracia sobre gracia sobre mí derramó. Por eso todo cambió. Poco a poco me enamoró. En todo la Virgen medió”. O esta otra: “Desde el inicio de mi conversión, cómo me alegraba y sacaba provecho cuando me hablaban de Dios”.

P. Juan Jesús Sánchez, confesor de Víctor


A estas palabras escritas de su puño y letra, añadimos las que dijo a su confesor el P. Juan Jesús: “Que la mayor gracia que le había hecho el Señor en toda su vida, fue permitir que se arruinase económicamente, pues así le libró totalmente de la ceguera y de la esclavitud de los bienes materiales, que habrían sido para él su perdición, sirviéndole al mismo tiempo de iluminación interior y de transformación de la mente y del corazón para progresar espiritualmente y entregarse al cumplimiento de la voluntad de Dios en toda su vida”.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Conversión I

Santa Teresa de Jesús

Con la palabra “Conversión” se expresa el cambio de una vida cristiana compatible con nuestros egoísmos a una vida de entrega incondicional a Cristo para hacer siempre su voluntad. Es el caso de Santa Teresa que, llevando ya años de religiosa y hasta de religiosa ejemplar, un día, ante la presencia de un Cristo muy llagado, se convirtió, pues en ese momento cayó en la cuenta de que estaba así por sus pecados y que había pasado esos sufrimientos por ella. Experimentó su amor misericordioso y cambió de vida.

Tenemos en España otros ejemplos de creyentes de los que se habla de conversión y de conversión por circunstancias semejantes a las de Víctor, como San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja.


San Ignacio de Loyola
San Ignacio de Loyola fue un buen creyente que compaginaba su vida de fe con su vida social, hasta que, defendiendo la ciudad de Pamplona fue herido y a consecuencia de las heridas tuvo que permanecer largo tiempo de convalecencia, que trató de sobrellevar con lecturas de libros de caballerías. Al faltarle sus libros preferidos, le ofrecieron libros de la vida de Cristo y vidas de santos. Poco a poco notó que mientras leía libros de caballerías se sentía alegre, pero al concluirlos se sentía vacío, mientras que las lecturas de vidas de Santos le animaban mientras leía y se prolongaba su alegría. Al comprobar esa diferencia cayó en la cuenta de que lo único capaz de dar felicidad era seguir a Jesús como lo hacían los santos. Y cambió de vida.

San Francisco de Borja

San Francisco de Borja, Duque de Gandía, Virrey de Cataluña y Caballerizo Mayor de la Emperatriz Isabel a quien admiraba por su belleza, al morir la Emperatriz muy joven en la ciudad de Toledo y tener que acompañarla hasta Granada para enterrarla en la capilla de los reyes, al abrir el ataúd para certificar que era la emperatriz Isabel la que enterraban y ver su cuerpo ya descomponiéndose dijo: “No puedo jurar que ésta sea la emperatriz, pero si juro que es su cadáver lo que aquí ponemos…Juro también no más servir a señor que se pueda morir”. En ese momento cayó en la cuenta de que hasta la belleza y el poder terminan en nada y que solamente servir a Dios merece la pena. Y cambió de vida.

Cuando hablamos de la conversión de Víctor, no queremos decir que su vida anterior no hubiera sido buena, pero sí un tanto frívola. El P. Juan Jesús que le conoció en esa etapa boyante de su vida, le recuerda como un hombre “que llevaba un estilo de vida un tanto aburguesado y mundano, centrado, como era natural, en el mundo material. Pienso que le gustaba vivir bien y disfrutar de la vida sin demasiadas preocupaciones ni compromisos cristianos. Le recuerdo fumando siempre puros de marca”.

El mismo P. Juan Jesús señala su cambio radical: “Supe posteriormente que fracasaron espectacularmente todos sus negocios, afectados por la crisis nacional e internacional del sector avícola, replanteándose completamente toda su vida, hasta producir en él una auténtica conversión espiritual”.


Gracias a la quiebra de sus negocios en los que había puesto su confianza, cayó en la cuenta de que todo lo humano es inseguro y que solamente en Dios podía confiar plenamente. Y cambió de vida.



viernes, 15 de septiembre de 2017

Sonrisa de Paz (II)

Víctor ya anciano siempre sonriente

Muchos de los testigos que conocieron a Víctor resaltan su sonrisa como una destacada faceta de su vida, porque era una sonrisa que les transmitía paz. Cuántos acudieron a él angustiados por problemas familiares o de conciencia, al ser escuchados con tanta comprensión e interés y contemplar su sonrisa, quedaban reconfortados. Sus palabras alentadoras acompañadas de su sonrisa se convertían en el bálsamo que todo lo cambiaba.


Para todas las angustias aplicaba la medicina de la oración y de la confianza en Dios, de ese Dios Padre que se sirve de todas las circunstancias, aún de las más adversas para nuestro bien, como él había experimentado personalmente al perder todos sus bienes.


D. Paco Teresa León, Párroco de San Clemente Romano, a quien Víctor ayudó en la construcción de la iglesia, en la adquisición de bancos para los fieles y hasta un buen equipo de megafonía a través de la hoy Santa Maravillas de Jesús, a quien se lo solicitó con confianza, lo que más resalta de él, no son esos servicios ni el que le ayudara en el despacho parroquial, sino su sonrisa: “Siempre le tendré en mi mente como una persona sonriente, pasase lo que pasase. En cualquier situación cotidiana, él mantenía la sonrisa”.

Víctor sonriente con su nieta Sara en brazos, su esposa Asunción,
sus hijos Luis y Tere, sus nietas Raquel y Rebeca y su yerno Pedro

Si esto sucedía cuando Víctor acababa de convertirse y aún no había experimentado el amor pleno del Señor, ya podemos imaginar lo que sucedería cuando, purificado de sus imperfecciones a través de las noches oscuras, sintió permanentemente la presencia del Dios Amor, que le colmó de paz interior y de alegría.


Es de las facetas que más llamó la atención de los sencillos campesinos de Velillas del Duque y de sus cercanías. No eran sólo sus familiares más o menos cercanos, como sus primos Pura y su esposo Alipio, o Damián y su esposa Begoña quienes acudían a visitarle para disfrutar de su paz y de su sonrisa, sino que a los vecinos de los pueblos cercanos a los que acudía para asistir a la misa diaria, les sucedía lo mismo.


¿Cómo es posible que su sonrisa llamase tanto la atención cuando vemos con tanta frecuencia sonreír? Sin duda su sonrisa era singular, como es singular la sonrisa del niño inocente que aún no sabe hablar, pero si agradecer con una sonrisa el cariño que se le brinda.

Santa Teresa de Calcuta con su habitual sonrisa


María Rosario Laso Calvo, vecina de Quintanadiez, que le conoció desde niño y tuvo la dicha de volver a tratarle en sus últimos años en Velillas del Duque, testifica: “Siempre se le veía sonriente. Siempre se le veía alegre. Siempre estaba contento. Todo el mundo hablaba bien de él”.


Casi con idénticas palabras nos le retratan los esposos Carmen Diez Domínguez y Quinidio Martín Lobato, vecinos de Villarmienzo: “Siempre estaba sonriendo. Era muya amable con la gente. Su vida era de una entrega total a Dios y los hermanos”.


Pero el más bello testimonio de su sonrisa se lo debemos a Telesfora Cardeñosa, vecina de Saldaña, que trató con frecuencia con Víctor sus grandes problemas familiares y religiosos: “Si los ángeles sonríen, Víctor siempre tenía una sonrisa de ángel. Yo recuerdo siempre su sonrisa de ángel y la gran bondad que tenía hacia todos”.


Frase para enmarcar. Agradecida a esa sonrisa de ángel, que la ayudó a superar una crisis de fe, ha colocado en su sala, en frente de donde se sienta habitualmente, una foto de Víctor para recordarle y seguir pidiéndole ayuda.


Víctor sonrió mucho, porque se sintió perdonado por Dios y él perdonó de corazón a los que le hicieron daño. Sonrió siempre, porque se sintió amado por Dios y porque amó de corazón a los demás. Su sonrisa era el signo externo claro de lo que vivía en su interior.