miércoles, 18 de enero de 2023

Florecillas. Abuelo encantador.

Víctor en Velillas del Duque con una nieta en sus brazos.

 

Recuerdo buenos momentos (de mi abuelo Víctor) en varios lugares. Cuando vivía en Madrid (Príncipe de Vergara), largos paseos por la ciudad él y yo. En Velillas, enseñándome a jugar al ajedrez, y sobre todo en Sabarís, largas mañanas intentando pescar anguilas en el río tras la casa de Carmen, y, aunque teníamos un acuerdo, a cambio de una anguila él me haría unas patatas fritas, a pesar de no pescar nunca nada, mi abuelo siempre me hacía las patatas fritas. Carlos.

 

Carlos no se limita a decir de su abuelo que era “todo corazón y cariño”, como resaltamos en la florecilla anterior, sino que señala algunos de los momentos que más le se le gravaron por la atención personal que le dedicaba con cariño.

 

Señala en primer lugar los largos paseos por Madrid con él solito, como si no tuviera nada más que hacer, que pasear y responder a las preguntas que le hacía acerca de todo lo que le llamaba la atención. Es probable que al pasar por algún quiosco le obsequiara también con chuches, pero Carlos, lo que verdaderamente valoraba, era su amorosa compañía.

 

Recuerda también cómo en los meses de verano, cuando iba a casa de los abuelos en Velillas del Duque, mientras Asunción preparaba la comida, Víctor paseaba y jugaba con él, e incluso le enseñó a jugar al ajedrez. Pero lo que jamás olvidará, es la escena de Sabarís en que abuelo y nieto hicieron un convenio: a cambio de anguilas pescadas por Carlos, el abuelo correspondería haciéndole patatas fritas. Carlos se pasaba largos ratos con la caña de pescar en el riachuelo que pasa pegado a la casa de Carmina, por el que, al estar cerca de la playa, pasaban con frecuencia anguilas, pero no picaban en el anzuelo. El abuelo, sin embargo, siempre recompensaba su esfuerzo con patatas recién fritas.




sábado, 14 de enero de 2023

Habla Víctor Don de Entendimiento (II)

Espíritu Santo: Don de Entendimiento.

 

El Espíritu Santo todo lo sondea, aun las profundidades de Dios. A las almas que le están unidas por el amor, les comunica una participación del conocimiento de sus misterios divinos. A más unión con Dios, más comunicación divina. De esta manera, este Don no estará ocioso en nuestras almas, al contrario, intervendrá con su luz nuestras meditaciones en las cosas de Dios, penetrando en sus profundidades y así captar los textos sagrados, y nos da inteligencia exacta de los consejos divinos, así introduce al alma en una oración más sencilla y profunda. La mente no necesita razonar. Al toque del Espíritu Santo queda fija en una mirada en la verdad, todos los misterios que hemos meditado a la luz de la fe, no los miramos desde fuera, sino desde dentro.

 

Las verdades de fe no pueden ser captadas nada más que por el golpe de vista intuitivo y penetrante del Don de Entendimiento. O sea, cuando la fe se haya liberado de todos los elementos discursivos y se convierta en fe pura, tan recomendada por San Juan de la Cruz como único medio proporcionado para la unión de nuestro entendimiento con Dios.

 

El P. Crisógono de Jesús Sacramentado, en su obra “Compendio de ascética y mística” explica con precisión en que consiste esta fe pura: “Se entiende por fe pura la adhesión del entendimiento a la verdad revelada, adhesión fundada únicamente en la autoridad de Dios, que revela. Excluye, pues, todo discurso. Desde el momento en que entra en juego la razón, desaparece la fe pura, porque se mezcla con ella un elemento ajeno a su naturaleza. El raciocinio puede preceder y seguir a la fe, pero no puede acompañarla sin desnaturalizarla. Cuanto más haya de discurso, menos hay de adhesión a la verdad por la autoridad de Dios, y, por consiguiente, menos hay de fe pura”.

 

Así lo experimentó Víctor, por lo que llega a decir: “A todos los contagiaba y se admiraban de la fe que yo tenía. Les hacía ver que era más difícil no creer las verdades de la fe, que incluso los momentos que vivía y que con los ojos palpaba”.

 


miércoles, 11 de enero de 2023

Testimonios. José Antonio Ruiz.

Iglesia parroquial de L´Albi (Lérida)


 

Carta al P. Juan Luis de 28 de febrero de 2018.

Muy apreciado P. Juan Luis

Con gratísima alegría he recibido su carta que, si a mi me ha embargado el corazón, a mi esposa Concepción le ha hecho verter lágrimas de emoción porque tanto su hermano como usted han sentido nuestro sufrimiento y no han dudado mostrarnos su ayuda, -“la mejor ayuda” en este caso- en forma de oraciones por nuestra nieta.

Como el libro de “la impactante vida de Víctor” trae la novena y el triduo, ya he empezado a rezarlos y a pedir la gracia de la sanación de Anna. Ojalá sea a través de la mediación de Víctor, con su “sonrisa de paz”, y que ello ayude a su beatificación.

Soy consciente que Jesús tiene muchas y más necesarias peticiones que la mía, pero ante la falta de espiritualidad de este mundo que nos ha tocado vivir –lo digo por mí mismo- no vendría mal una “milagrosa” llamada de atención para que creyéramos más en Él, aunque nos vuelva a regañar como a Santo Tomás al tener qu mostrarle sus heridas. ¡Cuán difícil es creer sin ver, padre! Por esto, ¡cuánta admiración siento por Víctor al rezar con esa fe tan ardiente ante el Sagrario!

Ya sé que el Señor escribe a veces con “renglones torcidos” y puede que la venida de “nuestro ángel” a esta vida sirva para rebajar la soberbia del hombre actual –la mía- que queremos la perfección en todo y sólo Él es perfecto, de ahí, como decía Santa Teresa: “Sólo Dios basta”. Por eso, también le pido a Víctor “gracias y favores” en su intercesión para que tanto los padres, hermana pequeña, abuelos y demás familia sepamos llevar con “cristiana alegría” su presencia; y como muy bien dice usted: “Hágase tu voluntad, Señor”. Sin embargo, como el del Evangelio, seguiré con empedernida tozudez pidiendo el milagro al Mesías.

 

Dándole las gracias por sus oraciones y bendición, reciba mi afecto y el de mi esposa.

 

José Antonio Ruiz Vilches

 

 

sábado, 7 de enero de 2023

Florecillas. El abuelo cariñoso.

Víctor y Asunción con su nieto Carlos y su bisnieto Víctor.


Tengo muchos recuerdos de mi abuelo y la verdad es que todos ellos son buenos, ya que no recuerdo ningún momento malo con él, ninguna mala palabra ni mal gesto alguno. Mi abuelo era todo corazón y cariño hacia los demás. Carlos.

 

Tan buenos son los recuerdos que Carlos guarda de su abuelo, que al primer hijo suyo le ha puesto el nombre de Víctor. Este recuerdo le es muy entrañable porque en su hogar no siempre encontró en su padre el amor, cariño, comprensión y dedicación como la que recibía del abuelo.

 

Por eso destaca en especial, quizás sin pretenderlo expresamente, que no recuerda ni una palabra ofensiva ni un mal gesto del abuelo. A los niños les atemorizan las correcciones hecha a voces y con gestos humillantes que a veces se les escapan a los padres sin maldad, pero que los niños guardan en su memoria.

 

Y el cariño que Carlos recibió del abuelo, lo recibieron también sus hermanas Raquel, Rebeca y Sara. Por eso, la llegada del abuelo a su casa era siempre motivo de alegría, pues jugaba con ellos, incluso a las canicas tirándose al suelo y les entretenía haciendo dibujos que más bien resultaban garabatos, pero que el abuelo elogiaba como si se tratase de auténticas obras de arte. Se hacía niño con ellos y gozaba con su espontaneidad y sencillez.

 

Naturalmente que también aprovechaba el tiempo para sembrar en sus corazones la semilla de la fe, para enseñarles el padrenuestro, el Ave María, a querer a sus padres, a no pelearse entre ellos, etc. Por eso Carlos reconoce que su abuelo, “era todo corazón y cariño”.




miércoles, 4 de enero de 2023

Habla Víctor. Don de entendimiento (I)

El Don  de Entendimiento

 

Penetra los misterios divinos. Nuestra inteligencia es incapaz de asir lo infinito, aunque revestida de la fe, nuestro modo de entender es siempre humano, procediendo con ideas limitadas, insuficientes para expresar las realidades divinas. La misma revelación, por medio de las Escrituras, nos llega por medio de las palabras humanas. Este don viene en ayuda de la fe, y nos hace ver por dentro los misterios divinos con la luz e inteligencia misma del Espíritu Santo. No añade nuevo a la revelación, pero nos hace comprender el sentido de las verdades reveladas. Nos hace penetrar los misterios de la fe, intuyendo que el misterio trinitario es esencial a la naturaleza divina.

 

El Don de Entendimiento es un hábito sobrenatural infundido con la gracia santificante por el cual la inteligencia del hombre, bajo la acción iluminadora del Espíritu Santo, se hace apta para una penetrante intuición de las verdades reveladas. Es un conocimiento al modo divino.

 

La fe proporciona al entendimiento el conocimiento de verdades sobrenaturales, pero de modo imperfecto, al conocerlas al modo humano, mientras que el Don de Entendimiento le hace apto para la penetración profunda e intuitiva de las verdades reveladas. Es un conocimiento al modo divino.

 

El Don de Entendimiento es como un fogonazo que nos hace comprender o experimentar en un instante una verdad revelada. Cuántas veces hemos leído partes de la Sagrada Escritura sin que nos hayan llamado la atención, y de repente, se nos descubre e inflama nuestro corazón. Es lo que les pasó a los discípulos de Emaús, que habían compartido muchos momentos con Jesús y fueron incapaces de reconocerle hasta que “les abrió el entendimiento para que entendiesen las Escrituras” (Lc. 24, 45).