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| Persona sumida en profunda oración. |
Para
entrar en esta oración y dejar la discursiva, se necesitan tres señales: 1ª. El
alma no halla gusto ni consuelo en las cosas de Dios, pero tampoco en las
creadas. No así por faltas cometidas que se aficiona a estas. 2ª. Aun en esta
sequedad, el alma trae la memoria en Dios con solicitud y cuidado pensando que
no le sirve, y continúa buscándole. Si es culpable, se hace indiferente a las
cosas de Dios. 3ª. No poder meditar por más esfuerzos que haga. Si coinciden
las tres señales por algún tiempo continuo, es señal que el Señor la quiere
subir a oración superior.
En
este estado, el alma adquiere mucha ciencia de Dios, preocupándose en amarle.




