miércoles, 16 de octubre de 2019

Florecillas. Profesión de la Pastora.

Raquel y Carlos con sus abuelos el día de su primera comunión.


Ya estamos contando los días que quedan para la profesión de la Pastora, que esperamos que ese día sea divino para crecer en silencio. Además que tendremos la gracia de estar todos juntos un año más. Por mi parte he recuperado bastante la memoria. (Carta a Eva María y Raquel).

Raquel, en el breve testimonio que dio de su abuelo para compartirlo con los demás hijos y nietos de Víctor en el homenaje que hicieron a la abuela Asunción dice: “Él siempre preguntaba por “la pastora” si no bajaba yo, pues Raquel, en la Biblia, era pastora de ovejas”.

Raquel con sus padres, hermanos y abuelos en Sabarís.

Víctor, durante los días que pasaba de vacaciones de verano en Sabarís, aprovechaba todas las oportunidades que se le ofrecían para pasar al locutorio y charlar con la comunidad, pero especialmente para compartir con su hija Eva y su nieta Raquel. Cuando Raquel no se presentaba con todos los miembros de la comunidad por estar ocupada en algún oficio, inmediatamente preguntaba por “la pastora” en lugar de decir su nombre.

A su nieta le agradó tanto que la llamara “la pastora”, que al elegir su nombre como religiosa, eligió el de “Raquel del Buen Pastor”.

La ilusión de que su nieta hiciera su profesión religiosa con la que se comprometía a seguir a Jesús en cuerpo y alma para toda la vida dentro del claustro del Carmelo, no lo pudo disimular: “Ya estamos contando los días que quedan para la profesión de la Pastora, que esperamos que ese día sea divino para crecer en el silencio”.

Raquel con sus abuelos
en día de su entrada en el convento.

Ese era el motivo especial de su alegría, el que su nieta, en un clima de silencio, creciera en el amor a Dios. En carta de 22 de noviembre de 2001 la explica lo que quiere decir  con las palabras “que ese día sea divino para crecer en el silencio”: “En la soledad del Carmelo, día a día irás creciendo en el amor. El Espíritu Santo te guiará en el silencio divino, que es como se manifiesta y en silencio tienes que poner el alma para escuchar el susurro divino. Así le escuchó el profeta Elías, cuando no le encontró en el viento huracanado y en los grandes truenos”.

A esa alegría por la consagración de su nieta al Señor para toda la vida, se unía la de poder compartir la alegría con el mayor número posible de hijos, nietos y familiares. De hecho, por Sabarís pasaban la mayoría de sus hijos y algunos familiares cuando Víctor y Asunción alquilaban una casa para pasar las vacaciones.


sábado, 12 de octubre de 2019

Testimonios. Daniel Colorado (II)

Parroquia de San Clemente Romano en el barrio Oroquieta de Madrid

Cuando hicieron la Parroquia de San Clemente Romano en el barrio de Oroquieta, donde vivíamos Víctor y yo, ésta no tenía iglesia ni dinero para construirla. Funcionaba en un salón. Entonces, Víctor y yo salíamos de puerta en puerta para conseguir el dinero que se necesitaba para hacer la Iglesia. Unos nos cerraban la puerta. Otros no nos la abrían. Fueron muchas las humillaciones por las que tuvimos que pasar y que Víctor llevaba con la mayor humildad y la más santa conformidad. Para él, no contaban los agravios. Él estaba trabajando por levantar una casa al Señor y eso era lo que contaba para él. Lo cierto es que, poco a poco, conseguimos el dinero para construir la Iglesia.

Víctor hacía oración, asistía a misas y rezaba rosarios.

Víctor no era persona de ir a manifestaciones para apoyar lo que él entendía que iba mal según Dios, sino que lo que hacía era hacer oración, asistir a misa y rezar rosarios pidiendo al Señor para que fuera Él el que resolviera el problema según sus designios.
 
Defendió a los obreros en pleito con la empresa.

En la fábrica había dos clases de categorías de trabajadores: de primera y de segunda. Al llegar un Director nuevo, quiso suprimir la clase primera y dejar sólo la segunda categoría. Hubo un juicio, y fue precisamente Víctor el que llevó el asunto al tribunal, como representante que era del comité de empresa de la fábrica, a pesar de que él no se beneficiaba en nada en el asunto, pues él no pertenecía ni a la clase primera ni a la segunda, ya que trabajaba como peón.

Víctor sabía que el Director de la empresa tenía comprados a los jueces, y se pasó orando durante todo el tiempo que duró el juicio. Y que pasara lo que Dios quisiera. Y lo que Dios quiso, fue que siguieran en la empresa las clases de primera y de segunda, que era lo que él defendía, tal como él se lo había pedido al Señor durante todo el tiempo que duró el juicio.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Habla Víctor. Errores por todas partes.

Había errores por todas partes.


Como los acontecimientos se precipitaban e iban inundando nuestra sociedad de errores por todas partes, que afectaban incluso a los seres más queridos, no encontré otro remedio mejor que incrementar la oración, ya que sólo Dios esos males puede remediar. Entonces ya tenía experiencia de la eficacia de la oración, ya me había pasado muchas horas enteras adorando al Santísimo en la custodia. Allí las noches parecían eternas, me hacían reflexionar en la oración del Huerto de los Olivos y toda esa noche amarga que pasó el Señor, quien fuerte me hacía en el sufrimiento.

Sin duda que el cambio radical en la sociedad española al implantarse la democracia le afectó de lleno a Víctor, no tanto por los cambios sociales, cuanto por los cambios religiosos. Muchos adoptaron una postura de indiferencia y hasta abandonaron las prácticas religiosas, como lo pudo comprobar, no sólo entre compañeros de la fábrica, sino también entre familiares, algunos muy cercanos.

Santa: Teresa: Determiné hacer eso poquito que era en mí.

¿Qué hacer en esas circunstancias? ¿Lamentarse? ¿Criticar la situación con los amigos? ¿Servirían de algo las críticas y los lamentos? Seguro que no, sino más bien para amargarse y pasar malos ratos. Víctor recordó lo que Santa Teresa había hecho ante la crisis que pasó la Iglesia en sus días a causa de los protestantes y optó por seguir su ejemplo. ¿Y qué es lo que hizo Teresa? Nos lo dice en pocas palabras: “Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que esos fuesen buenos, determiné hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese”. (Camino 1, 2).
 
Víctor: Incrementé la oración ya que sólo Dios los puede remediar.

A eso se llama ser realista: “Hacer eso poquito que era en mí”, y hacerlo con la mayor perfección posible y con el deseo de servir al Señor para conseguir la salvación de los demás. Eso mismo es lo que hizo Víctor: “No encontré otro remedio mejor que incrementar la oración, ya que sólo Dios esos males puede remediar”. Eso sí lo podía hacer y lo hizo.

Suele decirse que la historia se repite. En el fondo vivimos situaciones semejantes. Hay mucha indiferencia religiosa, algunos creyentes no dan valor a las prácticas religiosas, escasean las vocaciones sacerdotales, etc. ¿Qué hacer ante esas situaciones? Santa Teresa de Jesús y Víctor nos indican que cada creyente debe hacer “eso poquito que depende de él, y hacerlo con amor”.



sábado, 5 de octubre de 2019

Florecillas. Halagado por sus nietas.

Las pequeñas Rebeca y Sara con los abuelos Víctor y Asunción.

“Mañana domingo, Dios mediante, me voy a Móstoles, tengo consulta con el cardiólogo. Como voy a Móstoles, pues espero que Rebeca y Sara me reciban bien. Cuando fui a las pruebas, nada más que me vieron se pegaron a mí para enseñarme todas sus cosas, también del colegio. Me sentí muy halagado de mis nietas; así que si así me siento de las pequeñas, cuánto no será de la nieta que está en el camino del Carmelo” (Carta a Eva María y a Raquel).

Víctor, una vez jubilado, dejó Madrid para ir a vivir primero a Velillas del Duque y después, cuando le enfermedad avanzaba, a Medina del Campo. Cuando periódicamente tenía que ir a Madrid para consultas con el cardiólogo, se hospedaba en casa de su hija Teresa, que vivía en Móstoles, al lado de Madrid, y aprovechaba esos días para compartir con sus nietas Rebeca y Sara, las dos hijas más pequeñas de Teresa.
 
Rebeca el día de su primera Comunión con Sara y los abuelos

Sus nietas, que le tenían un cariño especial por lo bien que las trataba cuando en verano se pasaban con los abuelos unos días en Velillas, en cuanto le veían, llenas de ilusión le comenzaban a enseñar sus juguetes, sus dibujos, sus tareas en el colegio, le explicaban lo bien que las iba en el colegio y en la catequesis, etc., y como el abuelo de todo se hacía eco, de todo se admiraba y las manifestaba que se sentía orgulloso de tener unas nietas tan buenas y tan inteligentes, no es extraño que las encantara estar con él.
 
 Raquel en Sabarís con Rebeca y Sara una a cada lado.

Como el comportamiento de las pequeñas Rebeca y Sara lo conocemos por la carta que escribió a Raquel, la hermana mayor de ambas, que para esas fechas ya se encontraba en las Carmelitas Descalzas de Sabarís, al manifestarla su alegría por la conducta de las pequeñas, termina diciéndola: “Si así me siento de las pequeñas, cuánto no será de la nieta que está en el camino del Carmelo”. Es decir: si me siento halagado por las cualidades, espontaneidad y cariño de las nietas pequeñas, ¡qué no sentiré por la nieta que además ya elegido consagrarse a Cristo de por vida!

miércoles, 2 de octubre de 2019

Testimonios. Daniel Colorado (I)


Embotelladora de Pepsi-Cola


Lo primero que diré es que Víctor era un santo. Nos conocimos en el trabajo como obreros que éramos ambos en la fábrica Embotelladora de Pepsi-Cola. Lo primero que recuerdo es que Víctor estaba buscando gente por la fábrica para ir a los Cursillos de Cristiandad. Se lo dijo por allí a algunos compañeros y a mí no me dijo nada. Entonces, como a mí no me dijo nada y yo tenía conocimiento de los Cursillos de Cristiandad y deseaba hacerlos, le pregunté si yo podía ir, y Víctor me dijo que sí.

Logo de Cursillos de Cristiandad.

Hicimos los Cursillos de Cristiandad y empecé a tener contactos con él. Luego fui con él a algunas manifestaciones religiosas, como cuando vino el Papa Juan Pablo II a Madrid.

Por entonces comencé a ir con él a la Adoración Nocturna. Era costumbre pasar dos horas, y el resto de la noche, los adoradores nos acostábamos en unas camas que había en el lugar para tales efectos. Pronto me di cuenta de que Víctor no se iba a acostar, sino que se pasaba la noche entera adorando al Santísimo. Yo, aunque me iba a acostar, no lograba conciliar el sueño, y a la hora de la salida al trabajo, iba como molesto, mientras que él, que había pasado la noche entera en adoración al Santísimo, iba al trabajo todo alegre y contento. Yo le manifesté que a mí me costaba mucho ir a hacer la vela al Santísimo. Él, en cambio, me dijo que estaba deseando que llegara esa noche para ir.

Víctor, en su turno de adorador,
se pasaba la noche adorando

Además de adoradores nocturnos, éramos también los dos de San Felipe Neri. Nos poníamos el hábito e íbamos por el hospital visitando a los enfermos. Se les llevaba cosas y se les escuchaba. Víctor tenía una gran capacidad para escuchar a los enfermos.

Él iba también a “Mi casa” que era un centro dirigido por las Hermanitas de los Pobres y que está cerca del hospital de Francisco Franco, como le llamaban entonces, o Gregorio Marañón, como se le llama ahora, que era el hospital que visitamos. En “Mi Casa” cortaba las uñas a los ancianos y charlaba amorosamente con todos los ancianos.