sábado, 23 de enero de 2021

Habla Víctor. Oración de recogimiento.

Orante en actitud de recogimiento.

Busca a Dios en el interior de tu alma, que es donde mora, y gózate y deléitate en Él, te oirá con solo tu movimiento interior, no es menester dar voces. Si consigues que el alma esté en este estado, o sea, sin pronunciar palabras ni siquiera interiores, con la mente y el corazón puestos en Dios, esto aprovecha más que todos los discursos que se eleven. Uno es el maestro, Cristo, y en silencio hay que escucharle. Acuérdate cuando ibas a clase de derecho, uno era el que hablaba, el catedrático, los discípulos escuchabais para aprovechar; no hay comparación entre escuchar a un hombre y hacerlo con Dios, que es verdad y vida eterna.

 

Como escribe con toda confianza a su hija, no es extraño que hable de la oración sin llevar un orden, como suelen hacer los autores espirituales, que comienzan por la oración vocal, continúan con la mental y terminan con la de recogimiento.

 

Gozando en silencio con el Amado.

En la oración de recogimiento sobran las palabras y sobran también los pensamientos, por muy espirituales que sean, pues en definitiva, nos distraen de lo más importante, que es estar con el Señor amándole dentro del propio corazón y escuchándole en silencio, que es el momento de mayor intimidad.

 

Sólo los grandes santos han llegado a esta intimidad y a ese escuchar en silencio a Cristo presente, que habla directamente al corazón y hay que escucharle en silencio. En esos momentos, el actor es Jesús, y cuanto más atentos estemos a lo que directamente nos manifiesta y menos apegados a nuestras ideas y pensamientos, más plenamente imprimirá en nuestra alma su amor.

 

Así lo logró Víctor, siguiendo las directrices de su maestro San Juan de la Cruz y así deseaba que lo experimentase su hija.



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