miércoles, 13 de junio de 2018

Testimonios Raquel

Raquel y Carlos con sus abuelos el día de su Primera Comunión

Este es el testimonio de Raquel Tejada Rodríguez, la primera nieta de Víctor, hoy religiosa carmelita descalza en el monasterio de Sabarís (Pontevedra). Lo redactó para la celebración del primer cumpleaños de su abuela Asunción después de la muerte de Víctor. De ahí su carácter íntimo y familiar.

“Mi abuelo un santo”.
Mis recuerdos sobre Víctor, bien podrían titularse así, pues él ha sido ante todo mi abuelo, mi padrino de bautismo; yo soy su primera nieta y probablemente a quien debo mi vocación de carmelita.

Recuerdo lo mucho que nos quería a los nietos. De pequeños, con Carlos y conmigo estaba siempre cuidándonos y sobre todo jugando a las canicas, en los columpios…Él, de paso y de vez en cuando, aprovechaba para decirnos algo de Dios. Lo que él llevaba en su corazón. No era forzado ni pesado, pero a veces eran verdaderas catequesis; hasta recuerdo que nos llegó a hablar de la Santísima Trinidad, que cómo podían ser tres personas, si era un solo Dios.


Víctor y Asunción con sus ocho nietos. Raquel es la primera de la izquierda


También, cuando íbamos a su casa, estaba siempre pendiente de sacarnos lo que nos gustaba, la Pepsi-Cola que no podía faltar, o en Sabarís, cuando estábamos en verano y queríamos ir a la playa, él se quedaba con su actitud habitual de servicio, friéndonos patatas para comer, o sardinas, y cuando llegábamos cansados y hambrientos, allá lo encontrábamos.

A veces se me hacía extraño cuando mi madre o mis tíos comentaban que él no había sido así con los hijos, sino más bien estricto y recto. Yo ahora veía su imagen de todo bondad, todo cariño y con conocimiento y sabiduría humanos y de Dios, que uno podía percibir claramente, aunque no tuviese fe. En este sentido, ha sido más bien su presencia y seguro su oración, lo que me ha llevado a Dios, más que el tener conversaciones sobre estos temas, salvo algún momento puntual en mi adolescencia, en que estaba más desorientada y él me indicó que me confirmase.

Raquel con sus abuelos el día de su entrada en el convento

Estoy segura de que gozó mucho cuando le manifesté mi vocación de carmelita. Al verme ya en un ambiente de fe y en un grupo cristiano, él parecía esperárselo, aunque me dijo que no tan pronto. Él siempre preguntaba  por “la pastora” si no había bajado yo, pues Raquel, en la Biblia, era pastora de ovejas.



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