sábado, 20 de enero de 2018

Testimonios Asunción (VI)

Ejemplo de taquillas. Víctor nunca cerraba la suya con llave.

Pregunta: ¿Qué más recuerda sobre la santa vida de su santo esposo?
Respuesta: Recuerdo que en la fábrica donde trabajaba, nunca dejaba la taquilla cerrada y en varias ocasiones se dejó el sueldo en ella. Cuando yo se lo pedía, decía que se le había olvidado y al día siguiente siempre lo encontraba intacto. Así eran de respetuosos con él, por entonces, sus compañeros, pues luego le hicieron mucho sufrir, como él mismo lo da a entender en sus Hechos de Vida.

Siempre se apartaba de las conversaciones vanas. En el trabajo, en la hora del bocadillo, al principio lo comía con los demás, pero más tarde dejó de llevar el bocadillo y mientras sus compañeros lo comían, él se dedicaba a rezar el rosario, debido a que las conversaciones de sus compañeros no eran nada edificantes.
 
Rezaba el rosario durante el descanso en el trabajo
Además de visitar a los enfermos en el hospital estando en Madrid, como ya queda dicho, en Velillas del Duque a donde nos trasladamos a vivir desde Madrid, iba a visitar a los enfermos a las casas. Había un enfermo llamado Eulogio, que estuvo 20 años en cama, sólo cuidado por su mujer, pues no tenían hijos. Víctor iba a charlar con él y a hacerle compañía. También en Sabarís (Pontevedra), aun estando de vacaciones, visitaba a los enfermos y hasta llegó a curar a algunos de ellos usando reliquias de Santa Teresa y Santa María Maravillas.

Visitaba y compartía con los enfermos
Viviendo en Velillas del Duque fuimos un día al pueblo donde él había nacido y al llegar a su pueblo, se enteró que había en el pueblo un vecino que se estaba muriendo. Se llamaba (X) y había sido amigo suyo durante los años que vivió en su pueblo.

Después de saludar al enfermo y charlar un rato con él y con las personas que estaban acompañándole, dijo a los que le estaban acompañando que por favor le dejaran un rato solo con el enfermo, como así lo hicieron. Y no sé lo que le diría, lo cierto es que, a pesar de que su vida no había sido nada religiosa, al terminar de hablar con Víctor, pidió confesión y comunión y murió después de confesarse y de recibir la comunión y la unción de enfermos.

Para terminar diré que dejó huella en muchas personas, pues lo suyo era ayudar a todos, con todo amor, por amor a Dios y por amor a cada uno de ellos y que no pasa ni un día que no me acuerde de él y que pida a él por mí y por todos.

Así concluye el testimonio de la persona que más años compartió con Víctor y que fue el mejor testigo de su evolución espiritual. Destaca que siempre fue caritativo, aún antes de su conversión, como se comprueba en la cesión de su casa familiar a su amigo Nozal mientras reparara la suya que había sufrido un incendio, o cuando la cedió para que en ella se celebrara el velatorio del que había sido su socio.


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