sábado, 14 de septiembre de 2019

Florecillas. Cargado de ropa para ir a misa.

Víctor quitando la nieve para abrirse camino a la Iglesia.


“Por aquí hemos tenido grandes nevadas, ahora muchos hielos y frío, así que para ir a misa me tengo que cargar de ropa; pero más temo a la lluvia; esta, por más que te protejas siempre te mojas. Verdaderamente que hay días que me da miedo ir a Quintanilla, pero poco a poco lo voy superando”.

No exagera nada al hablar de grandes nevadas y mayores fríos y heladas. Desde Velillas del Duque se ven perfectamente los Picos de Europa nevados la mayor parte del año, y al estar situado en plena llanura sin montes cercanos o al menos colinas que le resguarden, son muy frecuentes las nevadas en pleno invierno y el frío es aún más intenso los días claros.

Víctor muy abrigado aun dentro de casa.

Teniendo en cuenta estas circunstancias y que Víctor era muy friolero, hasta el punto de que sus pies en invierno los tenía permanente fríos cuando estaba fuera de casa, como la misa era para él esencial, para poder caminar por la carretera hasta el próximo pueblo en que se celebrara la Eucaristía, generalmente Quintanilla de Onsoña, no tenía más remedio que ponerse mucha ropa y varios calcetines. Si hubiera tenido a mano las pieles de los esquimales no habría tenido reparo en usarlas.

Tal era la cantidad de ropa que se ponía en invierno, que al llegar la primavera, conforme iba aumentando la temperatura, se iba liberando poco a poco de la ropa. Tan notorio era el cambio y tanto llamaba la atención, que algunas mujeres le preguntaban por qué había adelgazado tanto en tan poco tiempo. Era muy sacrificado pero a la vez muy consciente de que más importante y agradable era al Señor su participación en la Eucaristía que el sacrificio. Por eso no dudaba en aparecer con un atuendo que llamaría la atención y algunos hasta le tomarían por chalado.

Víctor trabajando en el patio de su casa, pero bien abrigado.

Más temía los días de lluvia que los días de frío, pues de la lluvia era más difícil defenderse aunque llevase paraguas, especialmente cuando venía acompañada de viento, pero tampoco por eso dejaba de hacer su caminata para ir a dar gracias a Dios y a recibir el alimento de la Eucaristía.

¡Cómo iba a pasar desapercibido a los nobles campesinos semejante comportamiento! Por eso le siguen recordando con cariño y admiración y a muchos les ha ayudado a aumentar su fe.

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