sábado, 3 de febrero de 2018

Habla Víctor Bautismo

Iglesia del Salvador de Quintanadiez de la Vega

Sus escritos autobiográficos comienzan dando gracias a Dios por haberle dado unos padres tan creyentes, que  de lo que más se preocuparon desde el día de su nacimiento, fue de bautizarle y educarle en la fe. Recordemos sus palabras:

“Los padres  que Dios me dio, tanto me quisieron, que hijo de la Iglesia me hicieron. Esta me recibió. El bautismo me otorgó. Aún no sabía andar y a misa en brazos me llevaban. En familia todos los días el rosario se rezaba”.

Junto a la gratitud a Dios por haberle dado unos padres tan creyentes, destaca en estas palabras su gratitud a la Iglesia que le recibió en su seno y en Hijo de Dios le convirtió.
 
Sus padres, a los cuatro días de su nacimiento ya le llevaron a la Iglesia para que recibiera el bautismo. Pero, ¿por qué esa premura de llevar a bautizar a un niño a una Iglesia que es muy fría aún en verano, con riesgo para su salud y no esperar por lo menos hasta mediado el mes de mayo? Porque, conscientes de que todos nacemos con el pecado original, querían que se liberase de ese pecado cuanto antes; pero sobre todo, porque querían que recibiera la gracia divina que le convertía en hijo de Dios. ¿Qué más y mejor podían hacer por su hijo?

Pila bautismal en la que Víctor recibió el bautismo

Así nos consta por el acta de su bautismo que se conserva en el archivo de la parroquia del Salvador, cuyo contenido dice:

“D. Víctor Rodríguez, fue bautizado el día 16 abril de 1925. Nació el día 12 de abril de 1925, siendo natural de Quintanadiez de la Vega, diócesis de León, provincia de Palencia.
PADRES: D. Daniel Rodríguez, natural de Villota del Páramo y de Dª. Margarita Martínez, natural de Quintanadiez de la Vega.
ABUELOS PATERNOS: D. Cecilio Rodríguez, natural de Villota del Páramo y  Dª. Ramona Navarro, natural de Saldaña.
ABUELOS MATERNOS: D. Manuel Martínez, natural de Quintanadiez de la Vega y Dª. Venancia Herrero, natural de Bustillo de la Vega.
PADRINOS: Quirino Relea y Priscila Díez
MINISTRO: D. Pedro Merino.

Al concluir el bautismo, para celebrar el acontecimiento con la alegría que se merecía, cumpliendo con la tradición del pueblo, los padrinos comenzaron a tirar caramelos y confites a los niños y no cesaron de hacerlo a lo largo del trayecto hasta llegar a la casa del niño.  Y debieron ser muy generosos a juzgar por los resultados, pues hay un refrán que los niños decían a los padrinos roñosos: “Bautizo roñoso, niño cocoso”.

Niña con sus padres y padrinos recibiendo el bautismo

Conseguido el principal objetivo de convertir a Víctor en hijo de Dios, la tarea de sus padres se centró en darle a conocer esa dignidad  y a comportarse como esa dignidad requiere. De ahí que le llevasen siempre a misa, le enseñasen las oraciones y le dieran ejemplo de vida cristiana.


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