miércoles, 15 de agosto de 2018

Florecillas. Que sea el Espíritu Santo el que dirija.

Que sea el Espíritu Santo el que dirija las decisiones.

Me había hablado un hermano de otro hermano que se presentaba a Hermano Mayor sobre la conveniencia de que saliera elegido, y a mí, por aquel entonces con solo 19 años, me parecía muy conveniente…y no se me ocurrió otra cosa que hablar a algunos hermanos sobre la cuestión en la intención de dirigir su voto. Pues bien, al hablarle al hermano Víctor, me dijo: “Yo prefiero que sea el Espíritu Santo el que dirija estas cosas”. Inmediatamente quedé convencido y no volví nunca a entrometerme. Y casi sin darme cuenta, en mi fuero interno, empecé a tener al hermano Víctor en mucha estima espiritual (Tomás Galindo).

En las órdenes religiosas está prohibido hacer propaganda por alguien, y más aún que sea el propio interesado quien la promueva. Es más, nadie se puede votar a sí mismo. Es una norma de prudencia para evitar ambiciones y manipulaciones. Algo parecido sucede en el cónclave para elección del Papa y por eso hay generalmente tantas votaciones antes llegar a la elección.
 
Víctor como miembro de la Congregación de San Felipe Neri.

Pero como la ambición se puede colar en todas las instituciones, es frecuente la formación de grupos que se ponen de acuerdo para elegir a la persona de la que esperan alcanzar más beneficios, a veces dirigidos por el propio interesado.

Si esto se da en las órdenes religiosas, que hacen la promesa de “non ambiendo”, es decir “de no ambicionar”, para evitar toda clase de ambición, ya podemos imaginar lo que puede suceder en instituciones cristianas cuyos miembros no hacen esa promesa.
Tomás Galindo, como vemos por sus palabras, recibió un buen testimonio de cómo hay que evitar las manipulaciones y votar en conciencia al que se considere más apto para el oficio, aunque no sea el que más simpático me caiga.

Otra cosa muy diferente es que, la persona que haya captado por el ambiente la posibilidad de ser elegida o reelegida para el cargo, haga propaganda en contra de su elección y alegue causas para evitarlo, como fue el caso de Víctor, que suplicaba humildemente que no le volvieran a nombrar Hermano Mayor, alegando sus enfermedades.

Oratorio de San Felipe Neri en Madrid.
A todas las elecciones de superiores suele preceder un rato de oración en silencio y de invocación al Espíritu Santo para que les ilumine y acierten en la elección. Víctor tenía muy claro que hay que dejar actuar al Espíritu Santo, que es el que sabe lo que más conviene

El espiritual, se deja llevar por el Espíritu Santo y da su voto al que considera más capacitado. Y a Víctor, que no se consideraba digno ni capacitado ni el mejor preparado para dirigir la Congregación de San Felipe Neri, le eligieron seis años consecutivos para Hermano Mayor. ¿Sería porque los electores se dejaron guiar por el Espíritu Santo?

sábado, 11 de agosto de 2018

Habla Víctor. María en su conversión.


Portada de una edición de El Secreto de María.

Más grave fue cuantas veces pequé. Siempre a ella acudí. De la mano me tomaba y a su Hijo me llevaba. Él siempre me perdonaba. A seguirle me invitaba.

Son las primeras palabras que encontramos nada más acabar de recordar los milagros o intervenciones de la Virgen María para liberarle de la muerte temporal, y las pone para resaltar, que si esas intervenciones de María en su vida fueron muy importantes, mucho más sin comparación fueron las ayudas que le presto en la vida espiritual para liberarle de la muerte del pecado y para acercarle a Jesús.

Más grave fue cuantas veces pequé. Se reconoce pecador. No menciona los pecados concretos con los que ofendió al Señor que tenía muy presentes al escribir estas palabras. Al haber experimentado lo que Jesús sufrió por culpa de sus infidelidades y que sin embargo siempre le perdonó, consideró ese perdón como mayor milagro que el haberle liberado de la muerte corporal.  

Siempre a Ella acudí. María estuvo siempre muy presente en la vida de Víctor desde su tierna infancia, cuando le devolvió la vida a los dos años, hasta el de su muerte con el escapulario de la Virgen del Carmen en su pecho. No hay acontecimiento importante en su vida en que no haya sentido su presencia y su ayuda. Si agradeció a María las veces que le libró de la muerte, ¿cómo no agradecerla aún más, que le ayudara a salir del pecado?

Aparición de la Virgen a San Bernardo.

De la mano me tomaba y a su Hijo me llevaba. Estas palabras, fruto de su experiencia espiritual, coinciden, con la doctrina de San Luis María Grignion de Monfort en “El Secreto de María”, que tenía en su biblioteca y con las palabras de San Bernardo al hablar de María como mediadora y acueducto por el que nos han de venir todas sus gracias, especialmente en las dificultades:

 “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres agitado por las ondas de la soberbia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, o la avaricia, o el deleite carnal impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a María. Si, turbado a la memoria de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado por el horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima sin suelo de la tristeza, en el abismo de la desesperación, piensa en María.

De su mano me tomaba y a su Hijo me llevaba.
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si le ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si ella te ampara; y así, en ti mismo experimentarás con cuánta razón se dijo: Y el nombre de la Virgen era María” (Homilía 2 sobre la Virgen María).

Él siempre me perdonaba. A seguirle me invitaba. Víctor, en sus debilidades y caídas, siempre acudió con confianza a María y nunca fue defraudado. Y María siempre le acercó a Jesús, que no sólo le perdonó, sino que con cariño le invitó a que le siguiera, y así lo hizo.


miércoles, 8 de agosto de 2018

Testimonios. Ignacio Rodríguez Afuera.

El niño Ignacio con un juguete.

Es seguramente el nieto que más tiempo compartió con Víctor por ser el que vivía más cerca del abuelo, por lo que las visitas que le hacía eran frecuentes. Por diversos motivos, no pudo dar su testimonio para el homenaje que los demás nietos hicieron a la abuela Asunción Merino, pero quiso posteriormente unirse a ese homenaje con este testimonio breve, pero muy sincero y lleno de cariño y gratitud.

Los recuerdos que tengo de mi abuelo Víctor, puedo decir que son todos buenos y que me transportan a una infancia muy feliz.

Cuando era pequeño, todos los días caminaba hasta mi casa para pasar un rato conmigo. Siempre traía monedas en el bolsillo, pues le encantaba verme la cara de alegría que yo ponía cuando me las daba para chuches.

Ignacio con su abuelo Víctor saliendo de una pastelería.

Tengo unos recuerdos buenísimos de cuando estaba en Velillas. Por la mañana siempre me llevaba al río de paseo y a la fuente a por agua para que yo le diera la manivela; después de comer descansábamos y por las tardes rezábamos el rosario. Cuando venía Don José, el párroco de Velillas, al cual quería también mucho, me llevaba el abuelo y me dejaban tocar las campanas antes de la misa.

Cuando vinieron mis padres a buscarme y llegamos a casa, se pusieron muy contentos, pues todas las noches iba a mi habitación, me arrodillaba y no me acostaba hasta que no terminaba de rezar.

Ignacio con su madre, los abuelos y un familiar.

En Sabarís, también íbamos a ver a las monjitas, que cuando íbamos durante un ratito, salían todas para ver a los abuelos; bueno y a mí, pues se reían mucho y decían que era muy espontáneo.

Como ya hacía mucho tiempo que no le veía, fue durísimo verle cómo se había deteriorado; fue dos días antes de morir. Estoy seguro de que él se lo pedía continuamente a Dios, pues ya se le hacía tarde reunirse con él”.



sábado, 4 de agosto de 2018

Florecillas. Víctor iba rezando.

Alipio el testigo de esta florecilla.

Recuerdo que cuando vinimos una vez de Saldaña para Villota, un hombre iba caminando con su cabeza mirando al suelo y me quedé sorprendido. Iba rezando. Cuando llegué a casa se lo dije a Pura. La dije que me parecía que era su primo Víctor y que iba rezando. Si iba rezando, me comentó Pura, de seguro que era él. Y claro que era. (Pura y Alipio)

Víctor se trasladó de Madrid a vivir en Velillas del Duque en busca de tranquilidad cuando su salud ya estaba bastante deteriorada. Mientras pudo, caminó casi a diario unos tres kilómetros de ida y otros tres de vuelta para asistir a la misa en Quintanilla de Onsoña, pero rara vez lo hizo a Saldaña, distante ocho kilómetros. Si alguna vez lo hacía, era aprovechando las oportunidades que le brindaba su párroco, D. José cuando se acercaba a la Villa para hacer alguna gestión o de compras. Víctor le ayudaba y visitaba a algunos familiares o amigos.


Pura y Alipio de espaldas.

Fue en una de esas visitas en las que sucedió la anécdota que nos recuerdan sus primos Pura y Alipio. Es natural que a Alipio, -hace un año que falleció- que era un cristiano verdaderamente ejemplar, le llamase la atención ver a un hombre ya anciano caminando solo y como abstraído de lo que le rodeaba, mirando al suelo y sumido en oración. ¡Qué alegría sintió al comprobar que ese cristiano ejemplar y valiente era su primo Víctor.

Si iba rezando, de seguro que era él, fue la exclamación de Pura, que le conocía muy bien. “Por las obras les conoceréis”, dice el Señor en el Evangelio, y en este caso se cumplieron al pie de la letra. Ni antes ni después han visto un caso semejante en Saldaña. Sí es frecuente ver personas acercarse al santuario de Nuestra Señora del Valle haciendo a pie el trecho que separa el santuario de la población, pero esas personas no llaman la atención, porque lo hacen de forma rutinaria. Lo de Víctor era diferente. Su sencillez, su actitud recogida y humilde, su ensimismamiento centrado en el Señor al caminar, le convertían en un ejemplo viviente. Veían en él a un hombre de Dios.

Alipio y Pura con familiares y amigos.


Esto nos trae a la memoria lo que dice Santa Teresa acerca de lo difícil que es saber si alguien ama de verdad a Dios, pues podemos dejarnos llevar por las apariencias y equivocarnos en nuestras apreciaciones, pero reconoce que, cuando es auténtica, sí podemos vislumbrar que “hay indicios grandes para entender que le amamos” (6 M. 3, 7). ¿Qué mejores indicios que su humildad, su sencillez, su caminar centrado su pensamiento en Dios sin miedo al que dirán, el aceptar de antemano los desprecios que pudieran hacerle, con tal de servir al Señor?


miércoles, 1 de agosto de 2018

Habla Víctor. Accidente de coche.

Vista general de Saldaña.


Cuando tenía 60, un coche en que viajaba, a un río cayó. Allí otros murieron. Nosotros ilesos quedamos.

Es del único milagro del que tenemos detalles concretos, relatados por su cuñado Eleuterio García que era el conductor del coche. Según él, los hechos sucedieron así:

“Fue Víctor con su hermana Gloria, con un sobrino suyo llamado Daniel y con Eleuterio a Saldaña el día de San Isidro para asistir a las fiestas muy solemnes que se celebraban allí. Llegados allí se llevaron un gran chasco, porque ya no se celebraba la fiesta de los 25 el día de San Isidro. La fiesta a la que iba Víctor y que se celebraba antes efectivamente el 15 de mayo, se llamaba de los 25 porque ese día acudían a honrar a San Isidro en el santuario de la Virgen del Valle 25 pueblos de la comarca. Iban procesionalmente y les precedía un pendón que solía llevar el joven más fuerte del pueblo y Víctor lo había llevado más de un año cuando vivía en el pueblo; lo que da a entender que era mozo fuerte y bien piadoso. En la visita que hacía este año se le reavivó el mundo de sus recuerdos infantiles y juveniles cuando había disfrutado tanto en ese día de fiesta del patronato de los labradores y de romería al santuario en el que había contraído matrimonio el 24 de julio de 1948.

Santuario de Nuestra Señora del Valle.

Al no haber ya la fiesta llamada de los 25 para honrar, como hemos dicho, a San Isidro, después de visitar el santuario de la Virgen, comieron en santa compaña la comida que había llevado Gloria. Al volver a Medina del Campo lo hicieron por Terradillos de los Templarios (Palencia) por vivir allí una amistad de la familia que deseaban visitar Víctor y Gloria.

Cuando llegaron a Terradillos llovía tanto, que ni pudieron bajarse del coche para preguntar dónde vivía la persona amiga que deseaban visitar y entonces decidieron seguir viaje en medio de una gran tormenta. Muy cerca de dicho pueblo la carretera hacía una curva en forma de Z y como a causa de la tormenta el cielo estaba todo oscurecido, el que conducía el coche, aunque no iba a más de 40 Km. por hora, de pronto se encontró que iba a chocar contra el pretil del puente y en un buen reflejo que tuvo, en lugar de seguir adelante por la carretera, en cuyo caso habrían chocado contra el pretil del puente y habrían podido morir los cuatro que iban, tiró por las tierras a la izquierda. Entonces trató de dominar el coche, cosa que consiguió, pero como las tierras estaban resbaladizas a causa de la lluvia, el coche que había conseguido dominar y detenerse, se fue deslizando por sí solo, hasta que se detuvo precisamente cuando faltaba tan solo un palmo para llegar al río. Así es como lograron salvarse. Entonces Víctor exclamó: ¡La Virgen!

Albergue de peregrinos en Terradillos de los Templarios.

Él, desde luego, atribuía a la Virgen esto como un gran favor. Luego Víctor y Eleuterio fueron a pedir auxilio a un caserío que había allí mismo y los del caserío, con el tractor les ayudaron a sacar el coche. Estos fueron los que les dijeron que cuando había tormenta como la que había habido aquel día, habían sido muchos los que habían muerto en ese lugar, unos al chocar contra el pretil del puente, otros por haberse ahogado al caer el coche al río”.