El amor de cada día dánosle hoy. Ese es el pan que tenemos que pedir todos, todos los días a Dios. Ese es el pan que nos da Dios todos los días a los que pedimos a Dios todos los días los que comemos todos los días el Cuerpo de Cristo. Ese es el pan con el que debemos alimentarnos todos los días los hijos de Dios.
El amor de Dios es como el sol que da luz y calor a todos los que quieran recibir la luz y el calor del sol. El sol es siempre el mismo. Lo mismo si ilumina y da calor a cien personas, que si da luz y calor a trescientos billones de personas. Lo mismo si ilumina y da calor a mil millones de animales, que si ilumina y da calor a cien mil millones de animales. Lo mismo si ilumina y da calor a trescientos billones de plantas, que si ilumina y da calor a trescientos mil billones de plantas.
Dios es infinitamente feliz, y como es infinitamente feliz, nada de nada de lo que nosotros podemos hacer por Dios o contra Dios puede afectarle. Ni hacemos a Dios más feliz porque nosotros le amemos, ni hacemos a Dios menos feliz porque dejemos de amarle. Él es en sí mismo infinitamente feliz y no necesita en nada de nosotros para nada. Cuenta en todo con nosotros, pero necesitarnos, lo que se dice necesitarnos, no nos necesita en nada ni para nada. ¿Entonces por qué lo hace? Por el amor que nos tiene.
Dios, lo que a nosotros nos pide, es que intentemos ser cada día mejores y que le pidamos que nos dé su gracia para conseguirlo. Si así lo hacemos, eso nos basta, pues eso es lo que Dios nos pide. Ya se encargará Dios del resultado.

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