miércoles, 24 de febrero de 2021

Habla Víctor. Oración contemplativa (II)


San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia.


Sin darse cuenta se encuentra en trabajos  y sufrimientos interiores, sin sacar gusto en la oración, más bien todo lo contrario, los minutos se le hacen horas, y termina esta cansada y hastiada. Ha llegado el momento de ejercitar la paciencia hasta que Dios quiera sacarla de este estado, cuya duración y frecuencia sólo Dios sabe.

Lo que si es verdad, que este estado de tránsito para un avance muy amplio en las relaciones entre Creador y Redentor y la miserable y pecadora alma que así la está ejercitando. Regularmente, si no se echa atrás y sigue este camino, se encontrará en la purificación pasiva. Son estos pasos tan profundos, que es muy necesario tener directores espirituales, sabios y ejercitados en este nuevo estado, hoy en día y siempre tan escasos. (Consultar la Noche oscura del alma, de San Juan de la Cruz). Son muchas las almas que se acobardan, y mal dirigidas, dan marcha atrás. Conozco alguna personalmente.

 

 Dibujo de la "Subida del Monte Carmelo".

Vean lo que dice San Juan de la Cruz: “Me ha movido la confianza que en el Señor tengo de que ayudará a decir algo, por la mucha necesidad que tienen muchas almas; las cuales, comenzando el camino de la virtud, y queriéndolas Nuestro Señor poner en esta noche oscura para que por ella pasen a la divina unión, ellas no pasan adelante; a veces por no querer entrar o dejarse entrar en ella; a veces por no se entender y faltarles guías idóneas y despiertas que las guíen hasta la cumbre

Algunos padres espirituales, por no tener luz y experiencia de estos caminos, antes suelen impedir y dañar a semejantes almas que ayudarlas al camino…y habrá quien le diga que vuelve atrás, pues no halla gusto ni consuelo como antes en las cosas de Dios. Y así doblan el trabajo a la pobre alma; porque acaecerá que la mayor pena sea del conocimiento de sus miserias propias, en que le parece que ve más claro que la luz del día que está llena de males y pecados, porque le da Dios aquella luz de conocimiento en aquella noche de contemplación…Pensando los tales confesores que procede de pecados, hacen a las dichas almas revolver sus vidas y hacer muchas confesiones generales, y crucificarlas de nuevo; no entendiendo que aquel, por ventura, no es tiempo de eso ni de esotro, sino de dejarlas así en la purgación que Dios las tiene, consolándolas y animándolas a que quieran aquello hasta que Dios quiera; porque hasta entonces, por más que ellas hagan y ellos digan, no hay remedio” (Subida del monte Carmelo, prólogo, 3-5).



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