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| Víctor en Velillas del Duque con la familia de su hija Teresa |
No creas que aunque no
hayamos tenido correspondencia me he olvidado de ti; muchos días al hacer la
oración te tenía presente, pidiendo que des mucho fruto para que las almas se
conviertan.
Cuando me llamó por
teléfono el hermano Nombela, me alegró mucho de que me anunciase tu interés por
saber de nuestras vidas. Tengo que escribir muchas cartas y me cuesta mucho,
principalmente porque me falta la memoria, aunque también la he recuperado
bastante.
Cuando Víctor decidió dejar
Madrid e ir a vivir a Velillas del Duque a una casa que Asunción había heredado
de sus padres, ya la enfermedad del alzheimer era notoria, y se olvidaba de las
cosas más recientes. Era consciente de esa realidad que asumió con naturalidad
y le ayudó a ser más humilde y reconocer que todo lo que el Señor permitía, era
para su bien.
En cuanto le fue posible,
trató de contestar a sus amistades, como lo manifiesta con estas palabras: “Tengo que escribir muchas
cartas y me cuesta mucho, principalmente porque me falta la memoria”. Quien
más lo notó fue la religiosa agustina que guardaba sus cartas como un tesoro.
Cada vez tardaba más en contestarla y sus respuestas ya no eran tan claras.
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