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| P. Jacinto María. |
Armas victoriosas. Continuación
Todos los días vemos que cuantos en sus tentaciones acuden a Dios y le suplican por los merecimientos de Jesucristo, salen vencedores, y por el contrario, cuantos en sus tentaciones, especialmente contra la pureza, no se encomiendan a Dios, caen miserablemente y se pierden.
¡Qué bien empleó estas armas “Víctor” para luchar y mantenerse en identidad cristiana y carmelitana! “Diariamente asistía a la Eucaristía, no importaba cuál fuera el turno de trabajo que tuviese… La misa y la comunión era para él más que el alimento de cada día”
Según testimonio de su esposa Asunción Merino, “Víctor iba todas las noches a hacer oración a la iglesia hasta que su director espiritual (don Román Pedreira) le aconsejó que no lo hiciera por lo peligroso que era caminar de noche por Madrid. A partir de entonces, seguía pasando las noches en oración, sólo que en lugar de hacerlo en la iglesia lo hacía en casa. En cuanto al tiempo que pasaba en oración en la iglesia, lo mismo que durante la noche, ordinariamente lo pasaba de rodillas. Tal es así, que llegaron a salirle callos en las rodillas”.
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