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| Convento de Agustinas Recoletas en Betanzos (Coruña) |
“Esa experiencia que has tenido en Navidad, es normal en almas tan entregadas. Hay que vivir todos los tiempos de la Iglesia, para eso somos hijos suyos.
Ese amar y callar en silencio, es oración muy sabrosa; o sea, amor de alta contemplación. El Espíritu Santo habla en silencio divino y así le debe escuchar el alma, sin ruidos exteriores ni interiores. En ese momento es muy provechoso no mover las facultades del alma, para que sea Él quien obre”.
Al no conservarse la carta de la religiosa agustina, no conocemos en que consistió esa experiencia que recibió en Navidad, pero debió ser maravillosa. Víctor aprovecha para animarla a que viva con fe las solemnidades que la Iglesia celebra a lo largo del año, pues a través de ellas, se realizan de nuevo los misterios de la vida de Jesús. Más importancia es lo que añade sobre la acción del Espíritu Santo en la vida espiritual basado en doctrina frecuente de San Juan de la Cruz como lo que dice al inicio de sus “Cautelas”:
“El alma que quiere llegar en breve al santo recogimiento, silencio espiritual y pobreza de espíritu, donde se goza el pacífico refrigerio del Espíritu Santo, y se alcanza la unidad con Dios, y librarse de los impedimentos de toda criatura de este mundo, y defenderse de las astucias y engaños del demonio, y libertarse de sí mismo, tiene necesidad de ejercitarse, con ordinario cuidado y sin otro trabajo ni otra manera de ejercicio, no faltando de suyo a lo que le obliga su estado, irá a gran perfección a mucha prisa, ganando todas las virtudes por junto y llegando a la santa paz”.

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