Víctor ya muy anciano trabajando en el patio de su casa en Velillas del Duque
“Bueno, no me canso de escribir y dialogar contigo; pero se hace la hora de comer y tengo que ir a trabajar; por ello me despido con los deseos de que seas bendita en la Santísima Trinidad al igual que toda esa familia agustiniana.
PD. De mi enfermedad de corazón, me encuentro muy mejorado; se conoce que el Señor escucha las oraciones de quien pide por ella, que no soy yo, ya que mi deseo es el contrario, pero espero tener paciencia para vivir los años que Dios quiera”.
Es sin duda la carta más larga a esta religiosa agustina y la más espiritual de todas, y en la que responde con precisión a todas las dificultades por las que estaba pasando esta religiosa, y reconoce que no se cansa de escribir y dialogar con ella, y que si no se alarga más, es porque tiene que cumplir con otras obligaciones apremiantes.
En la posdata, al dar a conocer su mejoría de salud, que atribuye a las peticiones de quienes piden por su salud, indica claramente que no es él quien pide por su salud, pues desea lo contrario, ya que su deseo es encontrarse cuanto antes con el Amado; pero acepta sin reparos “vivir los años que Dios quiera”.