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| P. José Francisco Rodríguez |
Nos separamos de nuestros
seres queridos y aunque lo sentimos, no pasa nada. Nos separamos de Dios y
quedamos a la intemperie. No estamos con nuestros seres queridos y seguimos
viviendo. No estamos con Dios y quedamos sin vida.
Dios es el dador de vida, el
dador de amor, el dador de fuerza, el dador de gracia, el dador de fervor, el
dador de todo lo que somos y de todo lo que tenemos, pues si Dios no nos da la
vida, ¿de dónde sacamos nosotros el amor, de dónde sacamos nosotros la fuerza,
de dónde sacamos nosotros el fervor, de dónde sacamos nosotros lo que somos y
tenemos, si Dios no nos lo da?
Tendremos tanta más vida,
cuanto estemos más en contacto vivo con Dios vivo, que es de quien hemos
recibido la vida que tenemos y de quien recibiremos la vida eterna que
esperamos, los que esperamos la vida eterna que esperamos.
Lo mejor de lo mejor es estar
hablando de amor y seguir hablando de amor con el Señor hasta quedar de Él
perdidamente enamorados, como es el caso de la samaritana, que de tanto hablar
con el Señor, y de tanto hablar con el Señor tan amorosamente, quedó perdidamente
enamorada del Señor.
Lo que Dios quiere es que estemos con Él. Lo que Dios quiere es que le amemos. Lo que Dios quiere es que le oigamos. Lo que Dios quiere es que le hablemos. Lo que Dios quiere es que hagamos en todo, con todo nuestro amor, lo que nos pide, pues todo lo que nos pide, nos lo pide para bien
nuestro. Lo que Dios quiere, es que le pongamos a Él por encima de todo. encima de todo.
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