Begoña con su padre Víctor y su tío P. José Francisco. |
Aquí las amigas: El trato con personas, siempre es agradable
con las que hablan y se comportan como educadas, pero es más meritorio aguantar
a las que carecen de todo esto, y que igualmente son hijos de Dios, y quizás
más queridos. Esto en cuanto a apetitos naturales.
El mejor comentario a estos consejos de Víctor, lo
encontramos en el tratadito de San Juan de la Cruz titulado: “Cautelas” o
“Instrucción y cautelas de que debe usar el que desea ser verdadero religioso y
llegar a la perfección”, en que habla de cómo vencer a los tres enemigos del
alma: el demonio, el mundo y la carne. En la primera cautela para vencer al
mundo encontramos estas palabras:
“Acerca de todas las personas tenga igualdad de amor e
igualdad de olvido, ahora sean deudos ahora no, ahora quitando el corazón de
estos tanto como de aquellos y aun en alguna manera más de parientes, por el
temor de que de que la carne y sangre no se avive con el amor natural que entre
los deudos siempre vive, el cual conviene mortificar para la perfección
espiritual.
No ames a una persona más que a otra, que errarás, porque
aquel es digno de más amor que Dios ama más, y no sabes tú a cual ama Dios más.
Pero
olvidándolos tú igualmente a todos, según te conviene para el santo
recogimiento, te librarás del yerro de más y menos en ellos.
No pienses nada de ellos, ni bienes ni males, y huye de ellos
cuando buenamente pudieres; y si esto no guardas, no sabrás ser religioso, ni
podrás llegar al santo recogimiento ni librarte de imperfecciones. Y si en esto
te quisieres dar alguna licencia, o en uno o en otro te engañará el demonio, o
tú a ti mismo, con algún color de bien o de mal”. (Primera Cautela contra el mundo)
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